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La misión orientadora de la prensa

Por: Redacción 31/08/2015

En momentos en que algunos diputados de la Asamblea Nacional promueven e impulsan una nueva ley de prensa, es oportuna la ocasión para formular algunos señalamientos en relación con la misión orientadora de la prensa y aludir también el hecho del periodismo mal entendido.

Errados andan los que piensan que el deber de la prensa diaria consiste en la difusión más o menos sensacionalista o más o menos escandalosa de noticias y rumores con el objeto de satisfacer la curiosidad morbosa de la masa. Ya este género de especulación periodística, en que la venta del periódico era el único objetivo, está pasando a la historia y la llamada "prensa amarilla" es mirada en todas partes con desprecio.

El periodismo moderno tiene una misión más alta y más comprensiva: es tribuna de orientación y de divulgación, cátedra de enseñanza y fuente de informaciones útiles sobre todas las actividades humanas. Se ha convertido, por esto, en algo consustancial con las costumbres, los problemas, la cultura y el carácter de los pueblos; en tal forma, que viene a ser un reflejo de estos.

Es tribuna para la discusión y solución de los problemas económicos, sociales, políticos y culturales de los pueblos. Y la prensa que los rehúya, los tergiverse o se ponga al servicio de intereses personales exclusivistas, se expone a convertirse en una máquina de desorientación e inmoralidad, peligrosa para la sociedad.

LAS PÁGINAS MÁS INSPIRADORAS DE LA LITERATURA HISPANOAMERICANA HAN SIDO PUBLICADAS EN LA PRENSA LIBRE POR LOS MÁS GRANDES CREADORES DE PATRIAS: BOLÍVAR, BELLO, SARMIENTO, MONTALVO, VICUÑA-MACKENNA, RAFAEL NÚÑEZ, JUSTO SIERRA, DARÍO, HOSTOS, AROSEMENA, MARTÍ.

Dime la prensa que tienes, podría proponérsele a un pueblo, parodiando frase conocida, y te diré lo que piensas, lo que haces y lo que vales.

Sobre el periodismo malentendido, diríamos que hay individuos que se imaginan que es prueba de fogosidad, de vigor de espíritu, el escribir con palabras gruesas, con frases en las cuales se cuente, sin excepción un insulto en cada línea.

Para esos sujetos (que existen en todos los partidos y en todas las épocas), un artículo político es "fuerte" y es "bueno" según el número de estas palabras injuriosas que contenga. Y ese concepto, completamente errado, no indica otra cosa que una gran mediocridad, una completa pobreza de espíritu, una opinión estrafalaria y grosera de lo que es el periodismo y de lo que significa esa lucha nobilísima del pensamiento, en la cual no todos tienen las aptitudes para ser cruzados.

A una persona se le puede hacer los cargos más graves, se la puede aplastar, anonadar, pulverizar a fuerza de argumentos, y de exposición de hechos debidamente comprobados, sin que en una sola frase exista ese insulto soez que viene a ser la característica del escritorzuelo sin recursos mentales ni morales (de ninguna índole). Quizás cierta clase de público no lo entienda así, pero ello no importa: rebajarse a escribir vulgaridades porque la vulgaridad es agradable a determinados elementos, viene a significar un desprendimiento que, lejos de merecer aplauso, es desde todo punto de vista condenable.

El periodismo es el género literario más leído aún en nuestros tiempos, en que se vive la vida con un ritmo de velocidad que corre parejas con la radio, la televisión, el internet y los aviones. Incluye por esto junto con la radiodifusión y más todavía que esta, el pensamiento nacional y como reflejo, en lo que constituye la opinión pública.

Ya han pasado los tiempos en que la literatura despreciaba al periodismo por efímero o por insustancial. Hoy para espíritus tan complejos como Bernard Shaw "El periodismo es la más alta forma de literatura". Las páginas más inspiradoras de la literatura hispanoamericana han sido publicadas en la prensa libre por los más grandes creadores de patrias: Bolívar, Bello, Sarmiento, Montalvo, Vicuña-Mackenna, Rafael Núñez, Justo Sierra, Darío, Hostos, Arosemena, Martí.

Desde el punto de vista orientador y literario, si el periodista aspira a ser algo más que reportero, es decir, si aspira a decir las cosas bien y a ser intérprete y vocero de la opinión pública, su obra viene a confundirse con la del crítico, más aún con la del ensayista, el cual es en el fondo un crítico que no solo abarca el dominio literario, sino todo el campo de las ideas.

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Viernes 31 de julio de 2026

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