La modelo famosa local en mi análisis internacional
La primera vez que viajé a San José, Costa Rica, fue en 1992. Participaba de un evento internacional en calidad de joven político con figuras de toda la región centroamericana. Al evento acudieron tres presidentes de sus países. Luego de la segunda jornada, un grupo de panameños decidimos salir a conocer y así, al llegar la noche, a uno de los más “iluminados” se le ocurrió que pasáramos por algunos centros nocturnos. Luego de entrar y salir del tercer local, un taxista nos dijo que él nos podía recomendar algo mejor. Y cándidamente seguimos a nuestro “líder del grupo” al taxi y este nos llevó a un barrio de clase media alta, en las afueras de la sabana josefina.
Al llegar, mi impresión fue de asombro. En las afueras de la casa de dos pisos, había unos ocho automóviles. Pensé que era una fiesta. La sorpresa fue que, al entrar, nos hacen pasar a la sala de la casa donde, minutos después, bajaron unas 7 chicas cuyas edades estaban entre los 17 y 24 años, según pudimos averiguar después. Como nuestro “líder y guía” nos había sorprendido con su aventura, algunos discutían con él sobre qué hacer.
HEMOS ENTRADO EN UNA ESPIRAL DE ACTIVIDADES ILEGALES QUE TOMA A MUCHOS DE NUESTROS JÓVENES POR ASALTO. QUIEREN SER ADINERADOS Y VIVIR UNA VIDA DE VIAJES EN AVIONES PRIVADOS Y YATES DE LA NOCHE A LA MAÑANA.
Mientras, me quedé sentado hablando con la más joven. No recuerdo su nombre pero sí la conversación como si fuera ayer. Tenía dos años de ser dama de compañía. Su trabajo consistía en hacer sentir bien a sus clientes. Eso significaba desde la simple guía por la ciudad u otro lugar hasta acompañante sexual. Me contó que acababa de terminar sus estudios secundarios en un colegio de monjas de la ciudad, que uno de los modernos carros estacionados afuera era de ella, que sus padres eran profesionales exitosos y, lo más asombroso, que lo hacía solo por diversión. Me contó con detalles como solo la semana anterior había acompañado a unos empresarios árabes que solo pedían una guía de ciudad y le pagaron muy bien. Finalmente, y sin lograr acuerdo con nuestro “líder”, decidimos abandonarlo, regresar al hotel (sin las chicas, claro) y dejarlo solo con sus inventos.
Al día siguiente, en la mesa de trabajo, un ministro tico de la época sacó de su bolsillo un celular moderno, nada parecido a los ladrillos de ese entonces. Ahí pensé lo lejos que estaba mi país con respecto a Costa Rica. En todos los sentidos.
Como saben, Panamá pisó el acelerador en todas las áreas y, hoy por hoy, lideramos casi todas las áreas medibles con respecto a nuestros vecinos centroamericanos. Ahora ellos vienen acá a ver como hemos avanzado con la tecnología y especialmente en las comunicaciones celulares.
Pero, y acá mi reflexión, también estamos adquiriendo modelos de conducta inapropiados, más parecidos a países cuya sociedad está muy perturbada.
No voy a entrar en un solo detalle del caso de quien hoy titulo porque, y a pesar de las múltiples pruebas que los medios han informado, creo que hay que respetar la debida presunción de inocencia de los inculpados en los posibles delitos tan ventilados. Pero quiero llamar la atención de algo que nos sucede.
Siento que hemos entrado en una espiral de actividades ilegales que toma a muchos de nuestros jóvenes por asalto. Quieren ser adinerados y vivir una vida de viajes en aviones privados y yates de la noche a la mañana.
Colombia y Venezuela han sufrido de esta maldita enfermedad social y no han logrado salir de ella. Por el contrario. Creo que muchos de sus problemas políticos y sociales tienen que ver con la descomposición moral de su sociedad. Los panameños debemos evitar, como sea, que eso nos suceda.
Si usted habla con cualquier alto ejecutivo de nuestra banca, este le podrá confirmar que en Panamá vive la mayor cantidad de millonarios per cápita de la región centroamericana. Esto hace muy atractiva la plaza local para las que piensan que es una excelente forma de escalar rápidamente en la escala social y económica a través de ejemplos como el descrito al inicio.
Todos los días aparecen personas a las cuales nuestras autoridades descartan porque nos dicen que “se matan entre ellos”. Ahora, el proxenetismo y el tráfico de drogas, más otros derivados, comienzan a mostrarnos su fuerte presencia en nuestro país.
Me contaban en días pasados que algunas figuras públicas son más susceptibles que el resto a ser tentados por el crimen internacional, ya que algunos se hacen rodear de un aura de impunidad por su popularidad. Este es un tema de importancia nacional e internacional. Mucho cuidado.