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La muerte de la estrella enana

Por: Redacción 02/04/2015

Ingeniero y comunicador social

La forma en la que los políticos se manejan en Panamá, además de presentar su realidad como personas, indica el tipo de liderazgo, si así se le puede llamar, que ejercen en sus colectivos políticos. En medio de la debilidad infinita de nuestras organizaciones políticas, el tema de sus líderes merece una atención aparte.

El pasado domingo, uno de nuestros partidos políticos, insisto en, por llamarlo así, nos brindó el lamentable espectáculo discursivo de quien, cual deidad mística, se erigió como el líder renovado del mismo y como tal envió su mensaje iluminador a la “ciudad y al mundo”, en medio de todo tipo de acusaciones a su gestión gubernamental.

Lamentablemente, la pieza de oratoria, más que emular a los grandes pensadores de la historia política, fue más parecido al discurso de un cansado cantante folclórico, en medio de una pelea de pueblo, rodeado de emocionados acólitos, fulminó con su verbo a quienes intentan, equivocadamente según el ungido una vez más, hacerle cambiar el rumbo definido por los mismos cielos.

Despotricando de su origen, el líder ideológico pidió que “la señora” no se mordiera la lengua. Se habló de “asesinos”, y hasta se restregó a la cara de los infieles el hecho de que la mencionada quisiera sumar a su familia a los avatares políticos del grupo celestial. Sí, el mismo líder de las portadas de los periódicos con la palabra “nepotismo” sobre su foto.

A resaltar la actitud de las antiguas amigas de la “señora”. Pasividad, indiferencia, aceptación. Años de reuniones, eventos, actividades, tiempos buenos y tiempos malos. Todo a la basura. Puede más el puesto público para ellas o para un familiar. Que la crucifiquen.

La pasión y muerte de la estrella enana tiene, en el Domingo de Ramos, el momento más simbólico de referencia.

No es la introducción para una novela ligera lo que acabo de presentarles. Es la realidad de nuestra política local. Traiciones, bajezas, lenguaje de barrio de trifulca. Adiós a los grandes discursos, a los estadistas, a los líderes capaces de dirigir grandes cambios estructurales.

Ahora solo nos queda la liviandad política, el clientelismo, la matonería ideológica y discursiva. Los partidos políticos son franquicias cuyo combustible es un subsidio electoral brindado por el Tribunal Electoral que, más que fortalecerlos, lo único que ha logrado es convertir a las dirigencias en parásitos del Estado, desesperados por más espacios de nombramientos políticos.

Me llama la atención como terminan nuestros políticos con sobrenombres imborrables en el tiempo. Unos más graciosos que otros. Unos más chocantes que otros. Unos más irreverentes que otros.

Nadie conoce el sobrenombre del Dr. Belisario Porras, constructor del Panamá moderno. A pesar de sus reiterados intentos por limpiar sus imágenes, nuestros políticos modernos terminan siendo parte de una fauna política que sus votantes solo terminan utilizando para adornar episodios hilarantes. A falta de mejor utilidad, lo que queda es reír.

La muerte de los partidos políticos tal cual como los conocemos en nuestro país es inminente. Sus dirigentes parecen haber decidido ser parte del final de sus historias, consciente o inconscientemente.

Nadie podrá, pensarán ebrios de soberbia, indicarles cómo acabar con las historias que construyeron nuestra nación. Estos dirigentes se creen por encima de ellas, de los tiempos, de los hechos.

El problema del mareo de altura es que, además de las consecuencias, tiene razones de ser. Una de ellas es la falta de oxígeno al cerebro. Por eso, los aviones usan mascarillas, para que los pasajeros no se desmayen. Da la impresión que, los pasajeros de cierta organización política, en su viaje a una ilusoria galaxia de poder infinito, han ido perdiendo el conocimiento y no entienden que sus conductores parece que ya no reciben oxígeno en su materia gris.

Astronómicamente, una estrella enana es uno de los últimos pasos antes que estos colosos galácticos finalmente terminen como polvo cósmico, o tragados por un agujero negro. En cualquiera de los casos, una vez se convierte en estrella enana, su suerte está definida.

Creo que es arrogante de parte de quienes, con el tiempo en contra, pretenden dar lecciones de conducción política desde el liderazgo más parecido al de un gerente de recursos humanos que al de un líder político, pensar que puede ser el último antes que se apague la luz. Y lo sabe, por eso se emplea a fondo en tratar que así sea, lo más rápido posible.

Ojalá esta no sea la primera parte de la historia de la desaparición de los partidos políticos históricos de nuestro país. Lo que sí tengo claro, es la muerte de la estrella enana.

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Viernes 31 de julio de 2026

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