La muerte ya no se esconde
El cuadro comienza a preocupar. Y mucho. Ya no es una foto, una imagen aislada. Son varias, y cada día una distinta. Se asemeja a una película de terror.
El muerto nuestro de cada día ya no se esconde detrás de una sombra. No. Hoy está a la vista de todos. A plena luz del día.
La inseguridad, los sicarios y los asesinatos ya son públicos. Y son cada día más: los maleantes ganaron la calle y ya nadie está seguro.
El viernes pasado, a solo unos metros de EPASA sobre la Tumba Muerto, un adolescente se subió a un autobús por la tarde y, sin mediar palabra, acribilló a una persona ante la mirada espantada de 16 pasajeros. Luego se bajó, subió a una moto que lo esperaba y se fue.
La persona murió camino al hospital.
El mismo día, por la noche, un sicario resolvió sus diferencias con el futbolista de Chorrillo FC Javier De La Rosa al ultimarlo de 15 disparos. A la vista de todos, justo cuando salía del estadio de la escuela Artes y Oficios tras disputar un partido de fútbol.
En marzo pasado, y de vuelta a plena luz del día, un sicario acabó con la vida del músico Leonardo Renato Alvarado -“El Kid”- delante de sus fanáticos que lo saludaban tras una presentación.
“Son cosas de drogas” o “son colombianos”. Esas dos frases repetidas, una y otra vez, por la gente para tratar de no admitir lo inadmisible ya no tranquilizan. El accionar del crimen se radicalizó de la mano de los cada vez más jóvenes asesinos que aprietan el gatillo y abren fuego, con una tranquilidad y aplomo que asusta.
Ya no es una cuestión de “drogas”. Ya no son “extranjeros”.
No, nada de eso. El crimen está ganando la calle. Lo seguro se vuelve inseguro sin importar el sector de la ciudad.
Los sicarios ya ni siquiera se toman el trabajo de disimular. Disparan y ya. El trabajo cumplido y a cobrar el dinero. O a veces ni eso.
Nos están matando a todos de a poco. Día a día. Hora a hora.
Y lo peor es que nadie hace nada.
