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La noche del 9 de Enero

Por: Redacción 10/01/2014

Dr. Eloy Benedetti (/Segunda de tres entregas/ opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Estas reflexiones fueron escritas en 1997 por el Dr. Eloy Benedetti (Q.E.P.D.), abogado y catedrático panameño.

Le manifesté al canciller (Galileo Solís) que desde nuestra última conversación había estado meditando sobre la endiablada coyuntura en la que se encontraba el país, atacado por una fuerza abrumadora y con escasas posibilidades de reaccionar. Le señalé que la medida más oportuna que se me había ocurrido era la ruptura de relaciones diplomáticas. Le dije que había tenido muy presente el caso Paraguaná, con el cual ambos estábamos familiarizándonos, y cómo los gringos, a pesar de su poderío y el terror que le tenían al comunismo, se habían visto obligados a recurrir a la artimaña de valerse de Venezuela para denunciar al régimen castrista ante la OEA y pedir su aislamiento del resto de América. Le agregué que podíamos basarnos con plenas pruebas en las causales para el rompimiento de relaciones que contempla el Tiar, y que con habilidad diplomática se podría lograr que se condenara a los Estados Unidos por el delito internacional de agresión contra la población panameña y obligarlo a indemnizar los daños y perjuicios causados a Panamá y a los familiares de los muertos y a los heridos.

Basándonos en los preceptos del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), Panamá tendría buena oportunidad de que los Estados Unidos fuera condenado.

Le insistí al ministro que podríamos sustentar nuestra denuncia en los mismos argumentos esgrimidos en el caso Paraguaná por los gringos y los venezolanos; pero esta vez con pruebas de un ataque armado como hechos irrefutables de agresión. Que teníamos una buena posibilidad de ganarnos la simpatía de los Gobiernos latinoamericanos en la OEA y arrinconar a los norteamericanos en las negociaciones para sacarles alguna sustancia al igual que ellos hicieron con Colombia en el incidente de “La Tajada de Sandía”. Al menos, los dejaríamos muy malparados ante la opinión mundial y ante el propio pueblo norteamericano. El canciller me respondió que estaba de acuerdo con presentar una denuncia ante la OEA con el propósito de solicitar que los Estados Unidos fuera declarado agresor por los ataques perpetrados por sus fuerzas armadas y los zoneítas. Me pidió que preparara un proyecto de nota rompiendo relaciones, pero insistió en que deberíamos dejar una puerta abierta, y no meternos con indemnizaciones, que si algo le sobraba a Panamá eran opciones para exigir reparaciones.

Me dediqué de inmediato a trabajar en el proyecto. No obstante, mientras las acuciosas secretarias del Consejo de Relaciones Exteriores, Laura Kaled y Tota de Méndez pasaban en limpio las numerosas copias, me asaltó el terror de que estuviéramos procediendo a la ligera en una cuestión que podría acarrear graves consecuencias para Panamá.

Recordé que, hasta donde tenía conocimiento, en la historia ningún país había dado el paso de romper relaciones diplomáticas con la poderosa nación norteña, y la reacción de sus gobernantes era impredecible. Solo había tenido la oportunidad de cambiar ideas sobre el rompimiento de relaciones con el canciller; y tenía entendido que este únicamente había conversado sobre la medida con el presidente Chiari (Roberto F. Chiari). Por ello, cuando las secretarias me entregaron las copias en limpio del proyecto de nota, busqué al ministro de Educación, Manuel Solís Palma, amigo de confianza con quien mantengo una relación que se remonta a los años juveniles del Frente Patriótico. Contra mi acostumbrada práctica de no revelar los asuntos de la Cancillería, le relaté aspectos del plan de romper relaciones con la nación más poderosa del mundo y de la cual dependía nuestra estabilidad económica. Para alivio de mis aprensiones, Solís Palma leyó el proyecto de nota y le pareció el rompimiento de relaciones una muy buena reacción de Panamá. Me reconfortó al decir que los gringos sufrirían una gran pérdida de prestigio internacional si después de la forma como nos estaban atacando, se dedicaban a apretarnos las clavijas económicas.

Se aprueba el rompimiento de relaciones

Confortado por la reacción del ministro de Educación, me reuní con el canciller, a quien le presenté copia del proyecto de nota de rompimiento de relaciones. Lo revisó con cuidado, le efectuó un par de pequeñas modificaciones puliendo el punto de las indemnizaciones por daños y perjuicios y me dijo: “Vamos a mostrárselo a Nino.” Pasamos al despacho del jefe del Ejecutivo, a quien le entregué el proyecto de nota.

Mientras lo leía, observaba al presidente. Me impresionó su rostro adusto, y severo. No dudé que la decisión de romper relaciones diplomáticas con los Estados Unidos ya la había tomado con anterioridad. Sin sugerir ningún cambio, manifestó sencillamente que el proyecto de nota le parecía bien, que procediéramos a convocar una sesión conjunta del Consejo de Gabinete y del Consejo de Relaciones Exteriores para que consideraran su adopción. Hizo llamar al ministro de la Presidencia, Licenciado Gonzalo Tapia, y le ordenó reunir al Gabinete y me pidió que convocara a los miembros del Consejo de Relaciones Exteriores.

La sesión conjunta del Gabinete y el Consejo de Relaciones Exteriores tuvo lugar en el comedor del Palacio, y fue presidida por el propio jefe del Ejecutivo.

El acto se inició a las 11 de la noche, revestido de grave solemnidad. El presidente Chiari a la cabeza de la larga mesa; en el ala derecha, los ministros de Estado, y al lado izquierdo, los miembros del Consejo de Relaciones Exteriores. Después de breve alusión a la seria situación que confrontaba la República, el presidente anunció que había convocado la sesión conjunta para considerar la conveniencia de que Panamá rompiera relaciones diplomáticas con el Gobierno de los Estados Unidos de América. Acto seguido, le cedió la palabra al canciller Solís para que explicara la coyuntura que confrontaba el Gobierno y las consecuencias y peligros que implicaban el rompimiento de relaciones con esa poderosa nación. Al terminar su intervención, el ministro me pidió que le diera lectura al proyecto de nota que teníamos preparado, en el que se rompía relaciones diplomáticas. Terminada la lectura, el ministro de Educación, Manuel Solís Palma, quien era el único de los ministros y consejeros que estaba enterado de los proyectos del presidente y la Cancillería, tomó la palabra, y en una atinada intervención explicó la desigual posición en que se encontraba Panamá y las razones que aconsejaban el rompimiento de relaciones diplomáticas por ser una de las pocas medidas dignas y factibles que podíamos adoptar. El rompimiento de relaciones fue aprobado por unanimidad.

La revisión de los tratados, condición para reanudar las relaciones

Terminada la reunión conjunta se procedió a celebrar una conferencia de prensa con los numerosos corresponsales, tanto nacionales como extranjeros, que se encontraban en la Presidencia. La conferencia tenía la finalidad de informar a los periodistas de la decisión que se acababa de adoptar de romper las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

La sesión fue iniciada por el canciller, quien con su habitual habilidad expositiva relató los aspectos más sobresalientes. Luego se les entregó a los representantes de los medios copias de la nota de rompimiento de relaciones tanto en español como en inglés. Iniciadas las interrogantes, uno de los reporteros de nacionalidad británica preguntó qué deberían hacer los Estados Unidos para que Panamá restableciera las relaciones diplomáticas. El ministro sorteó la respuesta con algunas generalidades que no dejaron plenamente satisfechos a los presentes.

Pasado este incidente, el canciller me pidió que continuara respondiendo las preguntas de los periodistas, pues tenía que retirarse a una diligencia.

Finalizada la reunión con los miembros de la prensa, me dirigí a informar al canciller, a quien encontré caminando rápidamente por uno de los pasillos de Palacio. Me manifestó que el presidente Chiari había decidido condicionar la reanudación de las relaciones diplomáticas a la derogatoria de los tratados del Canal.

El ministro Solís me admitió que la flexibilidad que había tratado de mantener sobre las causas que se exigían para restaurar las relaciones diplomáticas ya no tenían objeto; que por el contrario, para iniciar cualquier negociación con las norteamericanos, sería preferible plantearles desde el comienzo el verdadero objetivo de Panamá. Me comunicó que el presidente Chiari había decidido dirigirse a la Nación por radio esa misma mañana con el objeto de anunciar que solo si los norteamericanos se comprometían a revisar los tratados vigentes, Panamá aceptaría normalizar las relaciones con los Estados Unidos.

En efecto, el presidente Chiari pronunció una alocución por cadena nacional de radio al mediodía del 10 de enero, en la cual dio a conocer que había mantenido una conferencia con el presidente Lyndon B. Johnson de los Estados Unidos, en la que le había informado sobre “los hechos irresponsables de las autoridades de la Zona del Canal” y manifestado claramente “que sería indispensable la revisión integral de los tratados que rigen las relaciones de los dos países para encontrar soluciones satisfactorias que eviten para siempre actos como los que lamentamos hoy todos los panameños”. Al día siguiente, 11 de enero, el presidente Roberto Chiari fue aún más explícito y les declaró a los miembros de la Comisión Interamericana de Paz enviada por la OEA, que se encontraba en Panamá, “que había llegado la hora impostergable de que los tratados con los Estados Unidos, especialmente el de 1903, fueran revisados porque son injustos y lesionan los intereses y dignidad de Panamá”.

el Presidente pronunció... por cadena nacional al mediodía del 10 de enero, que había mantenido una conferencia con el presidente Johnson... y manifestado “que sería indispensable la revisión integral de los tratados que rigen las relaciones de los dos países...

Un monumento en honor de los mártires y de su bandera

No creo que existan panameños que al rememorar la agresión de que fue víctima la población de la ciudad de Panamá, la trágica noche del 9 de enero, no reconozcan que el alevoso ataque y la reacción de los istmeños constituyen un auténtico hito popular de nuestro primer siglo republicano.

Es significativa la forma unánime, como todos los sectores de la población respaldaron de inmediato la valentía y el patriotismo de los jóvenes institutores. Desde la manera cuidadosa y sin ostentaciones como planearon su incursión para izar el pabellón nacional en la Zona del Canal hasta la forma como soportaron el abucheo de los zoneítas y luego la desmedida arremetida de los norteamericanos.

Todos los medios de comunicación, así como importantes diarios de América Latina, dedicaron durante varios días sus editoriales a repudiar el insólito ataque norteamericano y la insidiosa actitud de los llamados “zonians”. Todo tipo de organizaciones emitieron comunicados de condena al desproporcionado ataque, y de respaldo al Gobierno. Entre otras: La Academia Panameña de Derecho Internacional con la firma de su presidente, el Dr. Octavio Fábrega, y el secretario, Licenciado José M. Quirós y Quirós, la Cámara de Comercio con la firma de su presidente, Guillermo Ford. Tanto los estudiantes como el Gobierno recibieron el apoyo de las fuerzas vivas de la Nación, y fue este caluroso apoyo popular lo que permitió al país sortear las incertidumbres y peligros que presagiaban el rompimiento de relaciones diplomáticas con una nación tan poderosa y lograr su restauración en forma honrosa y beneficiosa para nuestra patria.

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Lunes 10 de agosto de 2026