La oligarquía y sus mitos sobre la seguridad social
Los intereses no confesados de los sectores económicamente dominantes en relación con el futuro de la Caja de Seguro Social se expresan actualmente en diversas propuestas, todas estas dirigidas a convertir los servicios de salud y las prestaciones económicas que brinda esta institución, en nuevos campos de acción para potenciar sus crecientes ganancias.
Estos intentos, parte integral de la política de acumulación por desposesión que vienen practicando los sectores oligárquicos, se basan en una argumentación sesgada y falaz, destinada a justificar la depredación de los recursos de la CSS.
En el caso del programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) se recurre al mito de que todo se debe a la presencia de un choque demográfico, arguyendo que la problemática se circunscribe al hecho de que, por causas de la transición demográfica, se viene dando un proceso de envejecimiento de la población. Con este argumento los sectores económicamente dominantes ocultan, de manera intencional, varios elementos importantes de la realidad.
En primer lugar, como hemos explicado en varias ocasiones, el problema del sistema solidario (beneficio definido) de pensiones tiene su explicación en el contenido de la Ley 51 del 27 de diciembre de 2005, la cual obliga a que todos los que empezaron a trabajar y cotizar a la CSS a partir del 2008 lo hagan en el nuevo sistema de cuentas individuales (mal llamado mixto). Esto significó romper la cadena de solidaridad intergeneracional, de manera tal que, al no contar con los recursos que aportan la nueva generación, los trabajadores que se encuentran en el sistema solidario están en peligro de no lograr jubilarse jamás.
Más aún, encadenaron a la generación más joven a un modelo en el que las pensiones solo pueden calificarse como ingresos de hambre. Este es el caso, para hablar del ejemplo paradigmático, del régimen de cuentas individuales chileno impuesto por la dictadura de Pinochet, en el que actualmente el 90.75% de los pensionados obtienen ingresos equivalentes a $233 mensuales.
En segundo lugar, para un buen número de asegurados la longevidad que se aduce sencillamente no existe. Las estadísticas demográficas existentes a nivel internacional muestran claramente que la mortalidad está íntimamente relacionada con la distribución del ingreso, de manera que la supervivencia después de la edad de jubilación de quienes hacen los trabajos más duros y reciben ingresos más bajos es muy inferior al promedio que se expresa en la llamada expectativa de vida. Peor aún, quienes han venido estudiando el cambio climático han llegado a la conclusión de que hemos entrado a la época geológica del antropoceno, y advierten que entre las posibles consecuencias del mismo está el incremento de la mortalidad de los trabajadores.
En definitiva, la propuesta de los sectores económicamente dominantes tiene un solo objetivo, apropiarse de las reservas de $6,500 millones que actualmente posee la CSS. Evitemos este nuevo acto de rapiña y corrupción.