La Otan en acción
La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) es el punto de partida de una nueva concepción estratégica de los estados de Europa Occidental y Estados Unidos para contener la amenaza de los yihadistas radicales de Irak y Siria.
Las potencias occidentales finalmente comprenden que el proyecto de formación de un estado islámico de Irak representa la reviviscencia de un antiguo proyecto musulmán de reagrupar a todos los islamistas del mundo y combatir la cultura occidental en todas las naciones y todos los frentes del terrorismo internacional.
Pero todavía los analistas no se ponen de acuerdo sobre quiénes integran el yihadismo y por cuáles corrientes religiosas combaten. En apariencia, la actual coalición radical estará formada por yihadistas sunitas de Irak y Siria.
Con el término genérico de rebeldes se nombró a los que luchan para derrocar el Gobierno sirio. Hoy se distingue a los rebeldes moderados que no desprecian la cultura occidental y reciben ayuda de Estados Unidos, Europa, Arabia Saudita, Qatar e Israel, según se asegura. La otra fracción combatiente es constituida por una coalición yihadista internacional, llamada Estado Islámico de Irak, y el Levante, orquestada por miembros y simpatizantes de Al Qaeda, que persigue alienar ideológicamente a los musulmanes que residen en diversas áreas del mundo, desde los países árabes hasta China, Indonesia, Nigeria, Paquistán y las colonias islámicas de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, a las que utilizarían como topos del terrorismo.
La toma de Constantinopla por el imperio turco en el siglo XVI simboliza la lucha histórica entre musulmanes y cristianos. La conquista del Imperio Romano de Oriente sigue alojada por los islamistas radicales que pretenden una nueva lucha santa contra Occidente, con métodos contemporáneos. El choque de civilizaciones estudiado por Samuel Hungtinton en un célebre libro sería el trasfondo bélico de la contienda que tiene como escenarios geográficos Irak y Siria, pero que aspira a proyectarse en otras regiones, incluyendo Estados Unidos y Europa.
Esta visión del conflicto impulsa a Estados Unidos a la formación de una alianza estratégica con la Otan para combatir a los yihadistas como una amenaza mundial que debe liquidarse antes de que alcance dimensiones geográficas más vastas. Los yihadistas quieren vengarse de la violencia y los saqueos de los cruzados, que dijeron que querían rescatar el Santo Sepulcro, pero desembocaron en pillajes y violaciones. Quieren vengarse de la repartición del Imperio Otomano, después de la Primera Guerra Mundial. Quieren desalojar a Israel del territorio palestino. Quieren eliminar los vestigios de la dominación económica y militar de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Quieren resucitar el califato como la magistratura suprema del islam, interrumpida por la muerte del profeta.
Los Estados occidentales conceptúan que el Estado Islámico y el califato son muestras de ideologías anacrónicas de los yihadistas violentos. Sin embargo, como es difícil borrar ideologías de tinte religioso, recurren a una respuesta armada para destruir los emplazamientos levantados en el norte de Irak y el sur de Siria, para que las banderas de la media luna no puedan flamear en otras partes.