La otra cara del consumo
La empresa K-tuin, distribuidora de productos de Apple, obtuvo unos beneficios de 5 millones de euros en un día. Es solo una de las compañías que experimentaron una subida exponencial en sus ventas, gracias al Black Friday, la jornada escogida en los Estados Unidos para reducir precios y marcar el inicio de las intensas compras de Navidad.
Frente a este día de oportunidad única que resulta ya irresistible en más de 60 países, se ha desarrollado el Día Sin Compras, una iniciativa contraria al creciente consumismo, que propone vivir esta fecha sin invertir tiempo y dinero en los grandes almacenes.
Bajo el lema “un día sin compras, 364 de consumo sostenible”, el Día Sin Compras persigue plantear una reflexión crítica sobre el modelo de consumo actual, la repercusión medioambiental que genera y la propuesta de alternativas viables. Este fenómeno, que cada año tiene una mayor participación, señala a la publicidad y al modelo de mercado como principales culpables del consumismo.
La sobreexplotación de materias primas es una de las consecuencias. El holandés Arjen Hoekstra, creador del concepto de huella hídrica, estima que para fabricar una camiseta de algodón de 250 gramos de peso se requieren unos 2,900 litros de agua. Además, el algodón que es la fibra natural más utilizada por la industria textil, cuando es transformada en tejido, su producción emite gases tóxicos.
Pero no solo la naturaleza se resiente por este ideal de consumo infinito. Insatisfacción, hastío e infelicidad son algunos de los signos que se muestran cada vez más claros en las sociedades de consumo. El psicoterapeuta Fabián Ortiz asegura que el número de pacientes que acuden a su consulta con problemas de adicción a la compra se ha visto aumentado en los últimos años. El consumo compulsivo se presenta, en ocasiones, como una solución a los problemas y carencias personales, que genera una insatisfacción constante y la necesidad de tener siempre un poco más. En Italia este problema ha llegado a ocupar un lugar dentro de la sanidad pública del país.
Este es el caso de Madrid, donde en 2010 el Ayuntamiento de la capital española invirtió 500,000 euros en la promoción de la calle Serrano, con el objetivo de impulsar las ventas en los establecimientos de la misma.
Los mercados de intercambio, las tiendas de segunda mano y algunas cooperativas que recogen ropa utilizada y la vuelven a introducir en el ciclo comercial constituyen algunas de ellas.