La oveja con piel de lobo
En esta vida, unos están en el bando de los buenos y otros, en el grupo de los malos. Habrá malos que se convertirán en buenos, y buenos que parecen malos. Y esas etiquetas, ¿quién las pone? Cualquiera. Cada quien tiene su lista y seguro que hemos calificado a personas como “mala gente” o “buena gente”, sin conocerlos verdaderamente.
Pensando en eso de las percepciones, imaginé a una oveja con piel de lobo. Son esas personas que meten miedo con sólo verles la cara, o que abren la boca y quieres salir huyendo. Tienen armadura de hierro y un corazón de azúcar. Son sinceros y espontáneos, pero les falta tacto. Pasan por indiscretos e inoportunos, aunque en el fondo digan su verdad. Si salen mal en las encuestas es porque tienen “problemas de comunicación”. Quizás se deba a que les interese más que la popularidad, parecer poderosos o inteligentes. Puede que sí lo sean, puede que no.
No es tan difícil hacerse pasar por una linda “oveja”. Pasa en todos lados y a cualquier edad. En la casa, en la escuela y en el trabajo, en algún momento detectaremos al típico “doble cara”, el que dice una cosa y hace otra. La que habla mal de uno y cuando te tiene enfrente, te saluda como si nada. El que te saludó en campaña y ahora no se acuerda de ti. El que te prometió y te engañó, para sacar beneficio.
Advertencia a todas las lindas ovejitas: En las próximas elecciones, antes de emitir su voto, evalúe primero si el Gobierno cumplió sus compromisos y si mejoró su calidad de vida. Analice a todos los posibles candidatos y candidatas. Vote a conciencia.
Pregunto: ¿Votamos por la gente buena o por los “buena gente”?
