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La papa panameña


El delicado balance entre producción y consumo está colocando una vez más a un numeroso grupo de productores agropecuarios, en este caso los paperos de tierras altas, frente a una crítica situación económica. Los números indican que nos encontramos en este momento ante una oferta de papa superior al consumo, lo que ha provocado una caída en los precios de venta del agricultor por debajo de sus costos de producción.

Tratándose de un producto perecedero, y no existiendo otras alternativas inmediatas disponibles para su aprovechamiento, una buena cantidad de la papa tendrá que ser desechada, y todo el esfuerzo y el dinero invertido en su siembra se perderán. Paradójicamente, al mismo tiempo el país importa una gran cantidad de papa de variedades más resistentes y de mayor demanda, que no se cultivan en Panamá porque no existen las investigaciones que demuestren al agricultor la viabilidad de estos cultivos en nuestro suelo.

Sabemos que el actual ministro ha heredado la despreocupación que las autoridades anteriores han mostrado tradicionalmente por los problemas del sector agrícola, y que los correctivos a estos males no son de rápida ejecución; pero esperamos que se aceleren los procesos de reconversión y de modernización de los que producen introduciendo nuevas variedades de papa y promoviendo sus procesamientos industriales, para lograr mejores precios para el consumidor y mayores ganancias para el productor.