La paradoja de Sudáfrica
Miami (AIPE) - La República de Sudáfrica, sede de la Copa Mundial de Fútbol, es un país de enormes contrastes. Al llegar, los visitantes pueden tener la impresión de encontrarse en un país desarrollado. Del lujoso Aeropuerto Internacional O. R. Tambo son llevados a Johannesburgo por el Gautrain, el primer tren bala de África. Sudáfrica tiene fabulosas riquezas mineras de platino, manganeso, cromo y oro, así como enormes yacimientos de carbón. Es candidato para sede del mayor proyecto científico del mundo: el radio telescopio Square Kilometre Array. Su Constitución garantiza plena igualdad de derechos a sus 49 millones de habitantes, 79% negros, 9% blancos, 9% mestizos y 3% asiáticos-indios.
La historia de Sudáfrica es complicada. Los holandeses llegaron en 1652, fundando la ciudad de Capetown. Cuando los británicos capturaron el Cabo de Buena Esperanza en 1806, muchos de los colonos holandeses (los Boers) se desplazaron al norte y fundaron sus propias repúblicas. Los británicos y los Afrikáners -como se llamaron los Boers- gobernaron juntos a partir de 1910 bajo la Unión de Sudáfrica. En 1948, el Partido Nacional (afrikáner) llegó al poder e instituyó una política de apartheid, el desarrollo separado de las razas, que favorecía a la minoría blanca a costa de la mayoría negra. El Congreso Nacional Africano encabezó la lucha contra el apartheid y muchos de sus líderes, como Nelson Mandela, pasaron décadas en las cárceles sudafricanas. Las primeras elecciones multirraciales de 1994 llevaron al gobierno de la mayoría encabezado por el Congreso Nacional Africano, fundamentalmente negro. En este tiempo, Sudáfrica ha tenido 4 presidentes y 4 elecciones. El país también cuenta con una empresa privada poderosa y dinámica.
En abril de 2009, Jacob Zuma ganó las elecciones. Sin embargo, 43% de la población gana menos de $2 diarios y la tasa oficial de desempleo es 25%, la más alta del mundo. Fuera de las grandes ciudades, la mayoría de los negros sudafricanos vive en zonas de alta criminalidad, alojados en míseros barracones sin adecuados servicios sanitarios. Frecuentemente, sus escuelas y hospitales están en pésimas condiciones. En un país donde hay muy poco transporte público, la mayoría de los negros carece de automóvil. Y aunque es la 24 mayor economía del mundo, está en un pésimo 129 lugar entre los 182 países del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.
La epidemia de SIDA ha sido devastadora para Sudáfrica. La enfermedad ha provocado la muerte de unas tres millones de personas y 350,000 mueren de ella cada año. Sin embargo, se perciben síntomas de mejoría. Recientemente, ha bajado su índice de asesinatos a la mitad; prácticamente ha erradicado la malnutrición entre los menores de 5 años, ha elevado la matrícula de los niños entre 7 y 15 años a casi el 100%; está proveyendo seguridad social a 15 millones de personas y ha establecido el mayor programa mundial para el tratamiento del VIH/SIDA.
Zuma, que lleva menos de un año en el poder, está librando una dura batalla contra la corrupción, rampante a todos los niveles del gobierno. África y el mundo entero desean, y necesitan, que disminuya el contraste entre la apariencia y la realidad y que Sudáfrica pueda alcanzar su fabuloso potencial.
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