La paz empieza
El título de una novela del escritor español franquista Emilio Romero, “La paz empieza nunca”, ejemplificaría la situación que podría derivarse del resultado de la segunda vuelta presidencial de Colombia. La reelección del presidente Juan Manuel Santos fue respaldada por los colombianos que anhelan el fin definitivo de la rebelión armada, desde los adictos políticos del mandatario hasta los militantes de partidos de izquierda y los colombianos de a pie que han sufrido y continúan padeciendo atentados terroristas, secuestros, extorsiones, destrucciones de la infraestructura pública, proliferación del narcotráfico por la alianza delictiva del crimen organizado y las agrupaciones guerrilleras. No obstante, ante la esperanza de una pacificación que elimine la violencia, subsiste el escepticismo sobre la pronta desmovilización de los frentes subversivos y los términos de la incorporación de los guerrilleros a la vida civil y el proceso democrático.
Las negociaciones de La Habana, entre representantes del Gobierno y de la subversión, han avanzado en el tiempo, permitiendo apreciar que los guerrilleros anteponen condiciones de cambios sociales, sobre todo en el campo de la reforma agraria, y en otras esferas de la estructura social, para pactar la declinación de la violencia que por más de medio siglo ensangrienta el país.
Ciertamente la reelección de Santos tiende a convalidar el proceso de paz negociado en la capital cubana, pero no se sabe con precisión la fecha del final de las conversaciones y si estas aclaran dudas y enigmas acerca de puntos sustantivos, como la total rendición de los insurgentes y el sometimiento de los guerrilleros acusados de variadas gamas de delitos comunes a los fallos de los tribunales. Asimismo, el tema crucial del involucramiento de los dirigentes subversivos en el narcotráfico, hasta donde se conoce, se ha limitado a declaraciones de carácter retórico sin precisiones legales.
Para la República de Panamá son vitales y estratégicas las acciones concertadas de guerrilla y narcotráfico porque en la frontera con Colombia se activan grupos que agreden la seguridad de las poblaciones darienitas y actúan como punta de lanza de la penetración de cargamentos de drogas ilícitas. Representa un enigma hasta dónde aceptan los miembros del Frente 57 los acuerdos de La Habana en torno al contrabando de sustancias ilícitas, en circunstancias que se tiene la impresión de una notoria desconexión del frente, que opera en la selva de Darién, con las conversaciones.
En ningún momento, dichos grupos subversivos han cesado sus actividades de violación de la soberanía fronteriza panameña, mucho menos de haber bajado la guardia en el delito del narcotráfico en la región darienita.
Los partidos comunistas colombianos apoyaron a Santos en la segunda vuelta, en una postura antinómica con un régimen que consideran neoliberal y aliado estratégico de Estados Unidos. Cambiaron su estrategia electoral, como admiten públicamente, para que cesen las acciones del ejército para reprimir la guerrilla y esta adquiera un estatuto de inserción en el conglomerado de organizaciones políticas reconocidas por las leyes.
Este apoyo de la izquierda pro guerrillera puede ser el primer paso destinado a la formación de un frente amplio de movimientos marxistas que rompa el sistema bipartidista de liberales y conservadores en los próximos torneos electorales posconversaciones de La Habana.