La Pena de Muerte y la Cadena Perpetua no solucionan el crimen
Cuando varios fariseos con piedras en mano, llevaron a una mujer descubierta en adulterio ante Jesús, lo hicieron con el fin de probarlo. Será que este Jesús ,que se creía saber más que los maestros de la ley, se atrevería esta vez a contradecir la Ley Sagrada que establecía que a la mujer descubierta en adulterio se le tenía que matar apedreada.
El evangelio nos narra que Jesús silenciosamente empezó a escribir algo en la tierra del piso y luego exclamó: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Cada uno de los fariseos dejó caer la piedra que llevaba en su mano, y se retiraron. Será que las palabras de Jesús fueron suficientes para hacerlos desistir? No lo creo… Lo que los hizo arrepentirse de sus ganas de matar a la pecadora fueron las palabras que leyeron en el piso. Era cada uno de los pecados cometidos por ellos.
Traigo a colación este pasaje, en medio de temas candentes como la pena de muerte y la cadena perpetua, y hechos tan lamentables que nos escandalizan cada día, desde los noticieros y primeras planas de los diarios.
¿Qué hace que una persona, en cualquiera etapa de su vida, se convierta en delincuente? Sin querer hacer de este artículo una disertación científica, creo que los años de estar ejerciendo el derecho, varios de ellos el penal, me permiten hacer una clasificación sencilla, pero muy lógica. Están aquellos que mentalmente están propensos a conductas antisociales, disociales, maníacas, en fin, que lo traen en los genes. Se consideran afectados por una patología, llámese algún tipo de enfermedad mental. No creo que ningún Juez en su sano juicio ose por condenarlo a muerte.
Pero existen otros que, nacen, como todos los niños bien de los que leemos este diario: inocentes, con los mismos derechos y con los mismos deberes que han reconocido los ulteriores organismos mundiales. Enumerar las razones son extensas, pero solo con enumerar algunas de ellas, veremos que van surgiendo pensamientos que nos llevarán a analizar que la Pena de Muerte y la Cadena Perpetua no son la solución, ni siquiera la menos inteligente.
Por poner un ejemplo sencillo, Estados Unidos ha tenido que admitir que han errado al imponer condenas a inocentes.
Todos somos unos hipócritas como aquellos fariseos. Desde los padres que sólo vemos los defectos en los hijos ajenos y no en los propios. Hipócritas, somos los padres que queremos que nos reconozcan por nuestros méritos laborales, pertenencias, imagen, por lo que le damos a nuestros hijos, pero somos oscuridad en casa, sin prodigarle tiempo y cariño a la familia.
Hipócritas los medios de comunicación, televisivos y escritos, que promueven diversos programas de “responsabilidad social”, pero te ponen todo el día culebrones que mantienen a las personas, hipnotizadas con las tetas, los narcos; ni que decir de la sexualidad distorsionada que muchos hemos llegado a entender por culpa de éstos corruptores de menores y mayores.
Hipócritas, los dirigentes de la Nación, que arengamos a la sociedad con discursos de mano dura, proponemos leyes que aumenten penas y aniquilen a delincuentes, pero somos los primeros que robamos, alteramos facturas, no trabajamos nuestros horarios completos en las oficinas, tratamos al usuario displicentemente, coimeamos, destripamos las entrañas del Estado, hurtamos al hambriento, somos mentirosos, violentos.
¿Quién tirará la primera piedra? No nos convirtamos en una sociedad matadero, que criamos para luego pasar la cuchilla, que procreamos criaturas inocentes para carne de cañón. Estamos justo a tiempo para parar esta rueda, que vertiginosamente, nos va llevando hacia profundidades en que nos será imposible regresar.
