default

La penuria diaria


La situación del transporte en las afueras de la ciudad es cada vez más caótica. Diariamente, los ciudadanos que habitan en esas áreas tienen que levantarse más temprano y salir a rifárselas para conseguir un vehículo que los transporte a su destino.

Las escenas que proyectan a diario las televisoras son elocuentes. Hay desesperación y un desorden que ronda la barbarie. Allí no importa la edad, el sexo ni la condición física, la gente se atropella, sin ningún ápice de cortesía o consideración.

La semana pasada, la TV mostró como una señora de 70 años era, literalmente, atropellada por jóvenes, hombres y mujeres, que durante tres horas le impidieron abordar un vehículo.

En este tira y jala diario, los ancianos, enfermos, niños y mujeres llevan la peor parte. Impera la ley del más fuerte, sin que ninguna autoridad sea capaz de poner un poco de orden. Este caos es consecuencia de varias situaciones, no es solo por la transición del colapsado sistema de “diablos rojos” al metrobús. Aquí convergen el aumento desproporcionado de la población, la falta de políticas coherentes de urbanismo y el alza del combustible.

Poco a poco, el tema del transporte público se ha ido convirtiendo en un problema prioritario para los panameños. Cierto es que el Gobierno ha atacado la situación con la modernización del sistema y la construcción del metro, pero mientras esa etapa culmina hay que buscar alternativas urgentes.

No se trata únicamente de los 382 millones de dólares que ha invertido en subsidios para el sector transportista, es necesario que las autoridades vinculadas al tema les brinden alternativas coherentes a este importante segmento de la sociedad que clama por ayuda.