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La percepción de lentitud del nuevo gobierno

Por: Redacción 02/10/2014

Me preguntan constantemente si el nuevo gobierno no está lento. Me preguntan si no me parece que se han empantanado. La verdad es que lo primero es tratar de entender la razón por la que semejante análisis tan superficial anda por la calle, y luego describir lo que realmente sucede.

Es cierto que hay funcionarios que han puesto las prioridades completamente al revés: compra de carros nuevos, cortinas y muebles para los despachos, redecoración de la oficina y un largo etc. de cosas absurdas, pero pequeñas.

Lo que también hay que entender es que los funcionarios solo pueden hacer lo que les permite la ley. En muchos casos, la posibilidad de firma de los nuevos funcionarios se puede ver limitada por montones de razones que pueden atrasar todo. También está la presión de las promesas electorales y las denuncias de corrupción que aparecen en los medios de comunicación cada quinquenio.

Es muy fácil para los funcionarios con mando y jurisdicción perder el norte. En teoría, la función principal del ministro de la Presidencia es imprimir velocidad al cumplimiento de los plazos basados en las más importantes promesas electorales. Esto no es sencillo. Cada nuevo ministro trata de ganar poder y terreno político para con el nuevo mandatario. Siempre quieren tener una relación sin intermediarios con el primer ciudadano del país.

Lo otro es el tema presupuestario. Entender cómo trabajar con líneas de presupuesto, sobre todo si el funcionario del gobierno anterior ya gastó toda la partida del presupuesto, es muy poco práctico para explicar a la opinión pública. Se necesita mucho manejo y experiencia por parte del equipo de comunicación gubernamental. Lamentablemente, estos últimos se han ido diluyendo.

Y quizás esto es lo que sucede. El gobierno del presidente Juan Carlos Varela se diluye entre una serie de noticias que tienen tiempo de estar ahí, pero que toman relevancia a medida que pasan los días y no se ve solución. Ya la gente no olvida las promesas de campaña. Por eso es importante tener un equipo político de comunicación. A casi todos los gobiernos les sucede que terminan llegando a esta conclusión muchos meses después del inicio de gestión. Parece que este periodo presidencial no será la excepción.

Mi opinión es que el gobierno no parece lento. El gobierno siempre es lento. Todos los gobiernos han sido lentos desde el principio hasta el final. La diferencia ha sido como nos venden las acciones de gobierno.

Normalmente, los más críticos al inicio de una gestión gubernamental se encuentran dentro de las filas de los partidos de gobierno. Esa necesidad imperiosa de ser nombrado lleva a muchos a tratar de presionar para que se les contrate, debido a que “sienten lenta” la gestión.

No hay forma de que ni los medios de comunicación ni la opinión pública más politizada compre el concepto de la paciencia. Cosa que, los más necesitados, han demostrado entender con gran maestría, ya que han tenido que esperar gobierno tras gobierno para ver alguna de las tantas promesas electorales.

Aun así, creo que no se puede dejar de lado la opinión que se percibe. Normalmente, la percepción se entiende como la realidad, sobre todo en política. El gobierno actual debe manejar estos conceptos a diario y trabajar en función de ello.

De nada sirve llenar la agenda presidencial con cuanta inauguración y recorrido por las comunidades, tipo campaña presidencial, se invente. Ya esa etapa pasó y hay que entenderlo. No es solamente decirlo.

Por eso, estos meses de cierre de año deben ser vitales para reajustar el engranaje gubernamental. Más que hacer un balance de los primeros 100 días de gobierno, ellos deberían hacer una medición de la efectividad de la recepción del mensaje en la población.

Ya hay funcionarios que si se mide cómo percibe la población sus primeras acciones mediáticas, claramente quedarían suspendidos de la calificación. Al presidente no le sirve de nada ser él quien mejore la imagen de sus funcionarios. Es completamente al contrario. Todo y todos deben estar alineados con las estratégicas comunicacionales definidas por el presidente. Si esto no está sucediendo, entonces será bueno evaluar la realización de pequeños cambios, ahora que su impacto no sería tan traumático y que la opinión pública entendería. Más adelante, ya se llamaría crisis, palabra que hay que evitar.

Tampoco podemos caer en la detestable publicidad gubernamental sin sentido. Mensaje y acción deben ir de la mano. Y no se improvisa, para eso están los partidos políticos, para estar preparados para gobernar desde el día uno.

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Jueves 6 de agosto de 2026