La percepción parásita
Parece que es muy fácil ponerse del lado del pueblo cuando se ha creado un argumento de propaganda política para ganar simpatías con un grupo de la población del cual necesitan de una alta validación social porque cuando haya triunfo, vendrá la ejecución de un plan "por el bien del país", y al mismo tiempo, como que se pone de moda ser "socialmente responsable" el manifestar apoyo solidario por nuestros hermanitos pobres de los sectores más olvidados por la distribución sostenible de la riqueza del país y de las verdaderas oportunidades para crecer desde sectores populistas.
En la comunicación comunitaria, una de las máximas que debemos entender es que el sentido común ayuda a crear empatía con quien tiene alguna dificultad, para así poder ofrecer una solución digna de sus problemas. De igual manera se valora tener la capacidad, como seres más humanos que somos, de comprender que debemos lidiar situaciones difíciles con rutas claras, escuchando de manera activa a los necesitados, entender la raíz sociológica de la vicisitud, sin dejar pasar el hecho de que en muchos casos, una promesa política malentendida es contrato de palabra para nuestros hermanitos -no parásitos- que esperan mejores días, luego de pasar por tanta penuria, y que en su mayoría son conscientes de las responsabilidades ciudadanas que deben cumplir.
Los gestores políticos, sociales y culturales intentan solucionar contrariedades sin lograr acuerdos, sin atender la profunda génesis. Pareciera que solo ofrecen costosas estrategias que no se ejecutan de la mejor manera, pues son consecuencia de asesorías sin lupa que lamentablemente no entraban en la piel de quienes todos los días sufren desde sus respectivas trincheras.
Este no es el momento de echar culpas o de ponerse en sus zapatos y además alabar casos de éxito de gente que se salvó del barrio con educación, esfuerzo y sacrificio. Eso se aplaude, pero sabemos que en esta sociedad existe gente con muchos recursos que nada hace (¿parásitos?) y gente con ínfimas oportunidades sociales de salir del abismo, que además se recuesta del pecho del Gobierno, pero cuando el asunto hace crisis, los etiquetamos por obra y gracia de nuestra percepción.
Por ello, sería prudente pensar mejor en el problema, entender la necesidad real y que la solución ofrecida por las autoridades y la empresa privada sea palabra que se cumpla con rapidez, humanidad y efectividad, al fin y al cabo, el pecado es de nosotros mismos, que no hemos sido capaces de eliminar de esta silvestre sociedad la chabacanería, el "juegavivo", la visión clientelista y la egolatría, permitiendo que todo esto entre en nuestro sistema esta incurable enfermedad, como golpe soberbio del creer ser panameño, porque antes decíamos: mi gente de barrios mártires, y ahora, tengan o no la razón, los percibimos como parásitos.
Comunicador Social