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La perdió por cinco


El hotel de Metetí (Darién)  está sobre la única carretera. Está pintado de verde chillón y tiene una sola planta.

El polvo cubre todas sus paredes.

-¿Cuántos días? –pregunta el sereno.

-Dos –le respondo.

Apenas dejo mi bolso, vuelvo a la puerta, camino unos pasos hasta una tienda, y me compro varias cervezas.

No hay plan, así que el plan es sentarse en el zaguán del hotel a ver pasar los pocos carros que circulan por la ruta que, unos kilómetros más adelante, se interrumpe justo a metros del río Tuira.

Apenas abro la primera cerveza, el sereno se sienta a mi lado.

Se llama Hilario y sin preámbulos lanza: “El que vende ‘chicha’ en la calle principal del pueblo está indignado, o triste”, dice.

Parece que el asunto lo afectó, porque sin esperar mi respuesta insiste: “el vendedor de chicha está triste”.

Abro otra cerveza. Es la segunda que comparto con él. Son alrededor de las 9 de la noche. Y por la calle solo pasan almas.

Mi compañero de tragos dice, mientras se rasca un pie, que el vendedor de "chicha" le fue a pedir ayuda el otro día: parece que su patrón le quiere robar la mujer.

Y, por eso, le pidió a Hilario que interceda a favor de su corazón.

Pero, al final, la cuestión era puramente económica. Solo dólares.

Hilario dice que el vendedor de "chicha" le daba 10 dólares a la mujer para que duerma con él. Y que su patrón, que tiene mucha plata - “tiene mucha plata”, dice- le ofreció 15. Y que también le ofreció dormir con aire acondicionado.

El patrón, parece, es uno de los ricos del pueblo.

Una oferta tentadora, le digo.

Pero Hilario no está de acuerdo. Dice que no entiende por qué el vendedor de chicha no le dio 5 dólares más a la mujer.

Ojalá el amor fuera tan sencillo, pienso, mientras me levanto y camino hacia mi cuarto.

Sólo la perdió por cinco.