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La pobreza del crecimiento y el deterioro ambiental


Juan Jované / Economista (opinion@epasa.com) / -

Tal como hemos señalado de manera reiterativa los sectores económicamente dominantes, así como los funcionarios de gobierno que representan sus intereses, han venido insistiendo en que el éxito del actual estilo de desarrollo se demuestra en la alta tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB). Se trata de una forma claramente sesgada e interesada de apreciar la realidad.

Ya anteriormente se ha demostrado que el estilo de desarrollo practicado en el país muestra un carácter claramente concentrante y excluyente, que se manifiesta en el conocido hecho de que la equidad social no es una de sus características. Esto, por ejemplo, significa que el índice de desarrollo humano de Panamá se reduce de 0.786 a 0.588, es decir, en poco más de un cuarto, cuando el mismo se corrige por la presencia de desigualdades económicas y sociales. La pobreza del crecimiento de la economía panameña, sin embargo, no solo se refiere a los problemas de la equidad, también hace relación con los problemas del medioambiente.

HASTA 2004, PANAMÁ FUE UN PAÍS ECOLÓGICAMENTE SUPERAVITARIO, DE MANERA QUE EL PERIODO DE RÁPIDO CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA TAMBIÉN HA SIDO UNO DE AMPLIO DETERIORO AMBIENTAL.

Para comprender esto mejor es útil recordar el concepto de servicios del ecosistema, el que, siguiendo a Gretchen Daly “se refiere a un amplio rango de condiciones y procesos a través de los cuales los ecosistemas naturales ayudan a mantener y satisfacer la vida humana”. Dichos servicios, que son el resultado de las funciones del ecosistema, constituyen un amplio conjunto, el cual es susceptible de diversas clasificaciones. La más difundida de estas, vinculada con World Resource Institute, incluye los servicios de suministro, tales como el agua pura, servicios de regulación, destacándose la normalización del clima, los servicios culturales, que abarcan el de recreación y los servicios de bases, que son indispensables para la generación de los otros servicios, tal como la formación de los suelos. En una visión alternativa, propuesta por R. Groot y otros autores, los mismos se clasifican como servicios de regulación, hábitat, producción e información.

El problema reside en el hecho de que en la medida en que el crecimiento afecta a los ecosistemas, impacta sus funciones y deteriora la disponibilidad y la cantidad de los servicios medioambientales, reduciendo los beneficios que los seres humanos derivan de los mismos. Se trata de una afectación que puede perjudicar la seguridad de la población, su abastecimiento de bienes necesarios para el buen vivir, su salud, a la vez que dificulta la posibilidad de contar con relaciones sociales relativamente armónicas. Todos estos son costos que, como es bien conocido, no se toman en cuenta al evaluar el PIB de los países.

En el caso concreto de Panamá se podría partir señalando que en 2011 nuestro país fue clasificado dentro del grupo de países ecológicamente deficitarios, al mostrar una utilización (huella ecológica) de 2.97 hectáreas globales por persona, frente a una disponibilidad de 2.67 hectáreas productivas desde el punto de vista biológico per cápita. Hasta aproximadamente el año 2004 nuestro Panamá fue un país ecológicamente superavitario desde el punto de vista de la huella ecológica, de manera que el periodo de rápido crecimiento de la economía también ha sido uno de amplio deterioro ambiental.

Solo con el fin de ilustrar el costo que puede significar el impacto ambiental de nuestro estilo de desarrollo se puede utilizar el valor monetario negativo que, de acuerdo con Nicholas Stern, tendría la emisión de una tonelada métrica de bióxido de carbono, el cual ascendería a $30.00 para el año 2005. Aplicando este valor extremadamente conservador a la emisión observada para Panamá al quinquenio 2005-2009, para el cual contamos con datos suficientes, se encuentra que este simple ejercicio, que dista mucho de establecer el significado real del problema, muestra un costo de $1,000.3 millones.

A futuro la tendencia del actual estilo de desarrollo llevará a problemas todavía mayores. No se trata solo de los problemas que sobrevendrán de, por ejemplo, la laxa legislación y todavía la más laxa supervisión referida a la conservación de los manglares. Se trata, además, del hecho de que el actual gobierno y los sectores económicamente dominantes, con el beneplácito cómplice del Banco Mundial, promueve un crecimiento basado en el extractivismo centrado en la minería a cielo abierto, es decir, en uno de los ejes más contaminantes de la economía.

Es posible afirmar que estamos frente a un estilo de desarrollo que se distingue por dañar crecientemente a las dos fuerzas productivas fundamentales: la fuerza de trabajo y el medioambiente. En estas circunstancias la búsqueda de un nuevo paradigma civilizatorio es un asunto de sobrevivencia.

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Viernes 14 de agosto de 2026