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La poderosa influencia de la amistad

Por: Redacción 10/02/2015

La amistad es lo más noble y hermoso. ¿Qué puede haber que brinde más fuerza a nuestra existencia? Constituye el tesoro más preciado que nos brinda la vida. Uno podrá tener mucha fama o riquezas, pero la vida que se transita sin amistades resulta árida y desconsolada. Acaba siendo una existencia egocéntrica, orientada a desviarnos del camino correcto.

Nacimos en este diminuto planeta situado dentro de un vastísimo universo para compartir este preciso momento de la vida cósmica.

Las relaciones humanas muchas veces son como la imagen que nos devuelve el espejo. A veces, uno piensa: ‘Ah, si él fuese menos agresivo, yo podría abrirme más’, ‘si ella no fuese tan hostil conmigo…’. Pero, al mismo tiempo, esa otra persona también se está preguntando: ‘¿Por qué tendrá que ser tan cerrada? Si se abriera un poco más, yo podría hablarle de un modo más amable…’. De ahí la importancia de que sea uno mismo el que entable el diálogo. Si, a pesar de eso, los tratan con frialdad, consideren que la persona realmente digna de lástima es la que actúa de esa forma.

Por supuesto, hay situaciones en que los sentimientos superan toda posibilidad de control. En el corazón se producen movimientos y cambios que, a veces, no conseguimos manejar. Entonces, ¿qué hacer? Mi consejo es que no cambien sus principios de rectitud, que mantengan firme su individualidad, con la postura de no transigir, aunque los demás cambien. Aunque los ofendan o los defrauden humanamente, tengan la fortaleza y la integridad de jurarse que jamás harán sentir a otros como les ha tocado sentirse a ustedes”.

LA INFLUENCIA QUE EJERCE UN AMIGO A VECES ES MUCHO MÁS PODEROSA QUE LA DE LOS PADRES O CUALQUIER OTRA PERSONA CERCANA. LOS BUENOS AMIGOS ACTÚAN COMO UN INCENTIVO PARA QUE UNO MISMO BUSQUE SUPERARSE EN LA VIDA.

Si bien uno se siente muy herido en sus sentimientos cuando le sucede algo así, tiene la posibilidad de entablar nuevos lazos de amistad con otras personas. Lo que no quisiera es que su corazón se cerrara y dejaran de creer en los demás. Es verdad que si uno no confía en nadie, tampoco correrá el riesgo de ser traicionado ni tendrá motivos para temer a la traición. Pero terminarán encerrando su vida en los estrechos confines de su propio mundo. En realidad, solo el que ha pasado por los dolores más amargos puede abrazar a la gente con auténtica generosidad.

Cuantas más luces ofrezcan a los demás, más brillará la vida de ustedes mismos. Lo importante es que sigan avanzando por el camino que hayan elegido transitar, sin pensar en lo que puedan decir los demás. Mientras se mantengan imperturbables, fieles a ustedes mismos, llegará un momento en el que los demás comprenderán el sincero esfuerzo que han estado realizando.

La influencia que ejerce un amigo a veces es mucho más poderosa que la de los padres o cualquier otra persona cercana. Los buenos amigos, los que buscan permanentemente su propia superación y desarrollo, actúan como un incentivo para que uno mismo busque superarse en la vida.

Las amistades insuperables son las que se asientan en una profunda camaradería, en una convicción compartida, en las mismas nobles metas y en semejantes principios.

¿Quiénes están en condiciones de ser buenos amigos de los demás? Solo las personas de convicciones, de espíritu autónomo, capaces de emprender la acción por sí mismas y de avanzar sin dudas por el camino que escogieron. Solo esta clase de individuos podrá sentar las bases de una amistad verdadera. Los bosques de bambú tienen un encanto muy particular en otoño. Cada uno de los tallos se dirige, en línea recta y sin titubear, bien erguido hacia la bóveda celeste. Pero en la profundidad de la tierra, todas las raíces se entrecruzan y establecen contacto unas con otras. ¡Qué bella imagen! Como sugiere el bambú, la amistad auténtica no implica dependencia. Es una relación que marcha con la consigna de preservar la individualidad y la autonomía humana. Es una coalición de almas, firme pero invisible, entre seres humanos en pleno ejercicio de su autonomía. Por lo tanto, la amistad queda enteramente supeditada al modo de comportarse que cada individuo exprese en su vida particular.

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