La política del miedo
Recientemente diversos organismos internacionales han venido argumentando que la economía panameña se dirige hacia una posición de sobrecalentamiento. Desde la perspectiva de Harrod esta se refiere a una realidad tal que la economía muestra una situación en la que la demanda efectiva agregada tiende dinámicamente a superar a la oferta de pleno empleo, generando así presión inflacionaria. Desde la perspectiva de Friedman esta tendencia inflacionaria se debería a una condición donde la economía ha violado la llamada tasa de desempleo natural, de manera que el exceso de empleo estaría generando el problema. Se trata de una visión, compartida tanto por el Presidente, quien habría afirmado que Panamá se encuentra prácticamente en una situación de pleno empleo, así como por el ministro de Economía y Finanzas, que ha propuesto la posibilidad de una reducción del gasto público, como medida para aliviar el supuesto exceso de la demanda efectiva, lo que, aún cuando no se diga explícitamente, elevaría el nivel de desocupación, restaurando una situación en la que la ocupación sea consistente con la llamada tasa natural de desempleo.
Frente a esto se debe insistir, recordando el artículo de la semana pasada, que en un país en el que el 22.1% de la población económicamente activa está desocupada o subocupada difícilmente se puede pensar en una inflación originada en el mercado laboral, lo que se confirma si se tiene en cuenta que el proceso inflacionario desatado hace algunos años significó que el salario real medio de los trabajadores en el 2010 fuera inferior en 11.2% al observado en el 2000. Más aún, si la inflación proviniera del lado de la demanda, entonces, en una economía abierta, se tendría que dar una mayor inflación en los precios de los bienes y servicios no transables que en los transables, sobre todo los importados. De esto último no existe evidencia si se tiene en cuenta que entre los mayores aumentos de precios se encuentra el de los alimentos, de los cuales el país importa más de mil millones de balboas, y el de los combustibles, todos de origen importados.
De lo anterior surge la necesidad de explicar la causa del porqué los sectores dominantes insisten en que se trata no de una inflación tipo “comodity”, como la llamo Keynes, si no de una generada por la demanda efectiva y la tensión resultante en el mercado laboral. La respuesta se encuentra en la economía política. En efecto, esta forma de abordar el problema representa, en primer lugar, un intento de enmascarar el hecho de que una importante causa de la inflación es la creciente especulación ejercida por los oligopolios. En segundo lugar, constituye una amenaza a los trabajadores, de acuerdo a la cual si estos intentan impulsar un aumento general de salarios serán penalizados y reprimidos con una contención de la demanda efectiva originada en el sector público, la cual estará destinada a elevar el desempleo y la competencia entre los trabajadores como mecanismo de defender las ganancias. Se trata, definitivamente, de la clásica política del miedo ejercida para someter a la clase trabajadora.
Economista.
