La política que todo lo puede
Que a la gente le interese cada día menos la política y los jóvenes vayan por una cierta línea de apatía, puede resultar un buen síntoma para algunos.
Demuestra que no hay nada grave en juego, que todo está marchando y que por estas razones cada cual puede mirarse el ombligo con tranquilidad, sin preocuparse en cómo debiera ser el país al que se aspira.
El claroscuro asoma cuando ese alejamiento de la política se debe precisamente al modo en que la ejercen estos autodenominados “profesionales”. Y es que, quienes nos representan, quizás no nos representen en lo más mínimo. El tiempo borra huellas. Por eso se han ido convirtiendo en una casta cerrada a la que sin darnos cuenta nos terminamos acostumbrando, y en la que encima delegamos poder. Votamos por tipos que se preocupan de cosas que no nos interesan, que velan por su bolsillo, que hablan de modo distinto al de nosotros, que pelean en público, pero luego se abrazan en reuniones familiares o clubes privados... pero, al final igual convencen (sí, ¡vuelven a salir elegidos!).
¿No será que los políticos “profesionales”, a esta altura, cualquiera que sea su bancada, están cuidando aquella conveniente cuota de poder? Y a su vez, ¿no será que aquel desinterés es uno de los mayores logros de quienes manejan los hilos desde la esfera política?
El presidente del TE, Gerardo Solís, dijo que los cambios introducidos por la Asamblea Nacional al proyecto 292 de reformas electorales pueden generar en violencia. Duro augurio. Desde la Cámara de Comercio hay miembros preocupados por la introducción de puntos no consensuados.
Que la segunda vuelta, participación pluralista, donaciones, reelección de diputados, transfuguismos...
Ahora, con todo esto, capaz que nuestro país termine con un nivel de discusión político similar a aquellos bocinazos que retumban a diario cuando el tranque más azota.
