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La precariedad del agua


El agua ocupa las dos terceras partes del planeta que habitamos, pero más del 97% es salada. Dos tercios es agua dulce aprisionada en casquetes de hielo y nieve, y tan sólo el 1% es agua dulce disponible para los miles de millones de seres humanos que somos. Ese es el matemático problema que enfrentamos en la actualidad. Es maravilloso que algo, en apariencia tan sencillo como el agua, sea tan frágil y dramático a la vez. Los recientes acontecimientos ocurridos en Panamá estas últimas semanas, que han dejado a miles de personas sin el líquido divino, primero por las lluvias y luego por problemas en el IDAAN, confirman que el agua es un asunto imprescindible para la vida humana. Por eso debemos hacer un gran esfuerzo a largo plazo para enfrentar los retos que implica la disponibilidad del agua dulce en Panamá, un país en apariencia rico en el recurso. En tal sentido debemos aumentar el nivel de conciencia porque el agua es vital, pero escasa y finita. Los panameños han creído siempre que el agua en nuestro país era abundante e inacabable, pero el tiempo nos sacó del ensueño, y nos dejó perplejos ante la cruda realidad. No bastará una buena administración del agua, que la necesitamos, sino una educación ambiental para proveernos de la conciencia comunitaria para hacer buen uso de este escasísimo recurso que nos brinda hoy la naturaleza.