La prensa de la era moderna, el tribunal que juzga desempeños

Por: Redacción 29/08/2011

Es mucho lo que se ha escrito en términos generales sobre la función de la prensa, con el propósito de destacar su importancia como tribuna para la expresión del pensamiento, como vehículo de cultura, como elemento de difusión de noticias e informaciones que permiten al hombre corriente estar bien enterado de lo que ocurre en el ámbito de su ciudad, de su nación y del mundo.

Todo lo que se ha dicho y se sigue manifestando al respecto, no responde sino al reconocimiento de un hecho histórico, de una realidad incuestionable.

La prensa ha sido, en efecto, una de las herramientas de la evolución cumplida por la humanidad en el decurso de los tres últimos siglos.

Desde sus páginas se señalaron las injusticias y abusos de los sistemas que hasta la Revolución francesa mantuvieron un régimen de desigualdad entre los hombres en lo que se refiere tanto a la distribución y usufructo de los bienes prácticos, como el aprovechamiento de los beneficios de la educación y el goce de las prerrogativas fundamentales que garantizan al individuo el respeto por su vida, el derecho a poseer bienes propios, constituir una familia y velar por ella asegurándose medios decorosos de existencia, a sentirse cubierto en su persona, su propiedad, sus ideas, sus creencias, contra cualquiera forma de abuso, de despojo, de violencia, de coerción, de sometimiento contrarios a los fueros de su condición humana.

Y con su prédica doctrinaria o combativa y su acción propaladora de informaciones, la prensa de la era moderna ha creado la opinión pública, le ha dado estado efectivo, elevándola al rango de un tribunal que juzga el desempeño de los gobernantes, critica y sanciona sus desvíos, vigila la observancia de los principios inmanentes de la justicia y la buena marcha de los asuntos que interesan a la colectividad.

Por eso, es que se le ha conferido el título y el rango de cuarto poder del Estado. Y su gravitación decisiva como tal se pone de manifiesto en la hostilidad indisimulada que le profesan los mandatarios absolutistas, para los cuales una prensa independiente representa la fuerza moral capaz de frenarlos en sus avances sobre las libertades y en su avasallamiento de los derechos individuales.

De ahí que su preocupación dominante, siempre haya sido la de limitar de hecho o por intermedio de leyes especiales la libertad de prensa, sobornar conciencias o perseguir, encarcelar y hasta dar muerte a quienes no se dejan ni amedrentar ni corromper.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Jueves 28 de mayo de 2026
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