La procuradora no tiene quién la apoye

Por: Redacción 27/10/2017

 

 

 

"Pensar que apenas ayer decía que acabaría con la corrupción de los demás, y lo único cierto es que impulsé la de los amigos y la propia. ¡Oh, señor, en qué me equivoqué!".

 

Azul se veía el mar que acariciaba la orilla occidental de la costa panameña, tenue el bailoteo de las olas como guiando los pensamientos de aquellos personajes dados al olvido, no obstante, a la vera del camino se ubicaba una dama despampanante y bella, le decían sus amigos REALIDAD, nombre inusual en el trópico y, sin embargo, nada impedía que por mayor esfuerzo que hicieras en evitarla, más temprano que tarde, habrías de saludarla. Kenia Porcell, designada procuradora general de la nación por Varela, está experimentando el olor putrefacto de la vergüenza social, profesional y personal. Sus antiguos socios se toman tiempo para organizar marchas en pro y hasta en contra, sin pensar siquiera un minuto en su hoja de vida fragmentada. Los que la conocen quieren darle el beneficio de la duda hasta que llegue diciembre y se acomode en la Corte Suprema, de la cual tanto se refiere despectivamente. Sus ejecutorias han ido en ciclo constante de lo sublime a lo ridículo.

Su cuarto bate, el secretario general produce todavía más abulia y enfado que el propio regente del ejecutivo nacional y eso créanlo es mucho decir. Las fiscales anticorrupción de las que tanto se jactó de su eficiencia yacen en el fango del descrédito popular. Hoy saben que no basta abrir el circo si no se tiene buen espectáculo. Los leones se asustan cuando el público entra con ansias de justicia y no de venganza. Al final quedamos todos atónitos porque las televisoras y periódicos tontolizadores han perdido todo poder, no son mágicos ni virtuosos, escoria.

Sé de madres, esposas, hijos y amigos que con espanto vieron en vivo y a todo color el enjambre del varelismo, socio de la instructora de investigaciones penales. Sufrieron y padecen algunos, hoy, de los coletazos del poder sin saber otra cosa que al final, ellos y los otros habrán de contar irremediablemente sus aciertos y virtudes a fuerza de no molestar ni confundir a la hermosa Realidad.

Antes se jactaba la procuradora que no había llegado a esa posición para hacer amigos, creyendo maliciosamente que decía algo extraordinario. Lamento ver cómo se extinguieron los apoyos, nadie les escribe sino en sus lápidas, huelen a calumnia, persecución y a cárcel. ¡Qué tristeza!

Abogada

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