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La propuesta antipiropo

Por: Redacción 24/03/2015

Siento que estoy en una zona crepuscular o en una burbuja, pues no logro entender por qué tanta gente está tan molesta por los piropos e insinuaciones íntimas, convertidos ahora en “acoso callejero”, si después de todo, nosotros mismos como sociedad, hemos decidido que el sexo vende, y hemos secuestrado, programado y habituado a nuestra niñez y adolescencia a este ambiente sexual desenfrenado, de antivalores y desorden. Un ambiente en el que el exhibicionismo, el atrevimiento, la impudicia, la audacia, el baile o meneo vulgar y sugestivo y el irrespeto es la moda y la costumbre.

Empujamos sexo en las gargantas de toda la sociedad, y lo hacemos a través de todos los foros disponibles. Seguimos tolerando que se sobrepasen los límites cada vez más hasta convertir la vestimenta de nuestras mujeres en vitrina entera de su sexualidad para entretener la lujuria, la lascivia y la codicia de los hombres.

Entonces, ¿cómo pretender que eso no elevará el morbo, los piropos soeces y casos de hostigamiento sexual?

Sí, el acoso callejero y vulgar existe y ocurre diariamente, pero también hay que reconocer que no podemos pintar a todos con el mismo pincel. Estoy harto de tomar las repercusiones del comportamiento enfermizo de hombres groseros cuando yo me considero una persona respetuosa.

Sí, estoy de acuerdo con que la mercantilización y cosificación de las mujeres debe parar. Pero también tenemos que entender que el gran problema no es el acoso callejero o los piropos, sino otra cosa mucho más problemática que rehusamos reconocer.

La mayoría de los hombres están en contra de los piropos groseros, ofensivos e irrespetuosos, pero, ¿debemos facultar a la policía para detener a personas por piropos “irrespetuosos”? ¿Debemos igualar el acoso callejero o piropos con nuestra jurisprudencia sobre otros tipos de expresiones de odio que intimida y perpetúa desigualdades como el racismo, el acoso sexual, el acecho, etc.? ¿Podemos confiar en la policía para distinguir correctamente entre expresiones respetuosas o vulgares?

Lo anterior es un territorio muy peligroso, ya que deja la puerta abierta para que las mujeres puedan acusar falsamente a los hombres por venganza, y con la sociedad condicionada a creer las acusaciones una vez que el estereotipo es puesto en su lugar. Definitivamente eso pisotea todos nuestros derechos constitucionales. ¿Dónde debemos trazar la línea?

Honestamente estoy sorprendido y decepcionado de que una mujer tan educada, profesional y aparentemente inteligente como lo es la diputada Ana Matilde Gómez presentaría y promovería ese indignante y afrentoso anteproyecto de ley, que se lee más como una sátira. También estoy avergonzado de aquellas personas u abogados que apoyan los esfuerzos para prohibir legislativamente tal comportamiento humano y por impulsar una agenda procensura y procriminalización, en lugar de contribuir a crear una campaña de sensibilización contra el acoso callejero para ayudar a cambiar conductas y actitudes. El objetivo debería ser abordar y cambiar diálogos y actitudes culturales y sociales, y no “revictimizar” a los hombres.

La dinámica en juego aquí está directamente relacionada con la pretensión del movimiento feminista actual de etiquetar, estigmatizar y satanizar la conducta y el comportamiento masculino.

No podían hacer su desprecio por el sexo opuesto más evidente, además de que es claro cómo el feminismo parece estar siempre asociado con antipatía o odio hacia el género masculino. Esto del sexismo y acoso está completamente fuera de control.

Tal vez complacería a muchos grupos feministas si los hombres simplemente caminaran por la calle mirando al piso o a sus teléfonos celulares, con tapones en los oídos, ignorando a las mujeres como si fueran invisibles, porque ya no deberían actuar como seres humanos, sino como robots insensibles, solitarios y fríos.

Todo lo anterior simplemente ejemplifica el hecho de que la capacidad humana para ser social ha sido maliciosamente torcida.

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Viernes 31 de julio de 2026

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