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La puerta del rencor cerrada

Por: Redacción 01/01/2016

Tenemos que cerrar la puerta del rencor, antes de que tome la delantera a la justicia. La gente tiene que aprender a quererse, y tiene que saber amar y amarse. Lo fundamental es saber vivir y dejar vivir. Los sembradores del terror, que todo lo deshumanizan, a pesar de sus apariencias por el orden, lo real es que todo lo atormentan. No olvidemos que el terrorismo es destructor por naturaleza, germina de la venganza y del odio. Indudablemente, la ciudadanía en su vínculo de familia humana ha de repensar sobre su manera de cohabitar en un mundo saturado de contrariedades, viciado por la sinrazón y corrompido por los desgobiernos.

Ha llegado el momento de guiarnos por los valores e intereses comunes, puesto que basta con que un ciudadano desprecie a otro para que esta burla vaya corriendo hasta la humanidad entera. De ahí, la importancia de unir esfuerzos y de crear una coalición internacional contra esta lacra demoledora del espíritu humano.

El rencor nos ha envenenado el alma y ya no sabemos ni preservarnos del mal. Por eso, estamos llamados a abandonar los comportamientos deshumanizadores y a fijar la mirada en lo auténtico que es lo que, al fin, nos armoniza.

Una mente rencorosa, vengativa, por sí misma es un veneno, genera siempre horror. En consecuencia, por muy grande que sea el espanto, ante los atentados perpetrados en París, como bien dice la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, tampoco se puede demonizar a estas personas como grupo, pues los problemas de seguridad en Europa podrán ser muy complejos, pero esta gente que huye de la persecución y el conflicto tampoco debe ser convertida en chivos expiatorios ni en unas víctimas más de este diluvio terrorífico que nos invade, puesto que hay que preservar la integridad del sistema de asilo. Sería de una injusticia tremenda, puesto que es vital que este continente europeo siga siendo un continente de acogida, y eso solo podrá ser posible si practicamos la reconciliación, mediante proyectos conjuntos de solidaridad. Por consiguiente, por muy fuerte que pueda ser el terror sembrado; por muy marcada que sea la heterogeneidad de la civilización contemporánea; tanto más grande debe ser la proximidad de unos y de otros. Seamos, pues, promotores del sosiego, cuando menos para disuadir a las personas de recurrir al terror o apoyarlo, denegándoles los medios de llevar a cabo cualquier ataque; pero tampoco releguemos de nuestro diario existencial, la de seguir defendiendo los derechos humanos. Somos corazón, seamos también latido permanente en este poético desvivirse por vivir.

Escritor

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Viernes 24 de julio de 2026