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La realidad educativa panameña


Aunque situada en una posición privilegiada con respecto a la de otros países del continente, la educación panameña muestra deficiencias cuantitativas y cualitativas que limitan enormemente sus posibilidades de servir a la formación del hombre y al progreso de la sociedad, configurando nuestra situación como la de un país insuficientemente desarrollado. ¡Esta tesis la hemos sostenido por más de tres décadas!

En el inicio del año escolar 2011 (segunda década del siglo XXI), todavía centenares de niños no tienen acceso real a la escuela; muchos de los que ingresan a las aulas las abandonan prematuramente; el número de analfabetos (total y funcional) es todavía preocupante; en una edad en que aún no pueden incorporarse al trabajo, muchos adolescentes quedan fuera del sistema, porque éste carece de la correlación vertical y horizontal que es necesaria para asegurar a cada cual una oportunidad; y la improvisación en Meduca es de magnitud alarmante. Son realidades que golpean poderosamente nuestra conciencia de panameños.

En alguna medida, son consecuencias de otros déficits educacionales, como los de maestros, de locales o de presupuestos. Sin embargo, en su raíz se descubre el impacto de toda una gama de problemas sociales, como la pobreza, los bajos niveles de salud o cierta forma de desorganización familiar e institucional. Por todo ello, nuestro sistema escolar dista mucho de ser una organización para la cual la atención de la persona humana sea la preocupación central.

En lo cualitativo, nuestra educación ha incorporado muy escasamente los progresos científicos y los recursos técnicos modernos. Sus planes y programas de estudio y sus métodos de enseñanza no se han realizado al ritmo que exige la dinámica de nuestros tiempos. Los servicios de orientación educacional y de asistencia social, no han sido establecidos en forma sistemática, oportuna y eficiente. La atención de los intereses del educando, de su comunidad o de su región, apenas tiene cabida dentro de un sistema de rigidez casi monolítica. Los cambios sociales de los últimos años, no han afectado con la debida intensidad al sistema escolar, cada vez más alejado de la realidad.

Todo ello da origen a que la educación no sea, en nuestro medio, un instrumento de adecuada eficacia para el desarrollo general y la promoción económica, y lo que es más grave, determina que un sentimiento de frustración personal selle de amargura la vivencia y el recuerdo de los años escolares de muchos panameños. Que se impone un urgente cambio en la educación es indiscutible. Empero, para que el cambio alcance eficacia y profundidad, habrá de comprenderse que la educación es un proceso funcional y dinámico, que sirve de pilar al conjunto, también dinámico, del desarrollo general de la sociedad. ¡No es posible, sin esta perspectiva, atacar en sus hondas raíces los males esbozados!