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La realidad sociocultural panameña


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Aunque a primera vista pareciera existir una controversia en cuanto al tipo de hombre que debemos formar por el énfasis, en algunos, de la importancia dada a una educación humanista y en otros, por la urgencia de la formación de técnicos, es posible hallar un punto en el cual ambas academias puedan armonizar. Cuando se vuelve la vista a la realidad social panameña se descubre en seguida que ella está urgida de técnicos en prácticamente todos los campos de la actividad económica, pero se vislumbra igualmente, el peligro inminente del colapso de nuestros valores morales y culturales, si no encauzamos también nuestros esfuerzos a remozar nuestra tradición humanista.

Al conjunto de fuerzas externas e internas, al medio panameño se transforma a ojos vistas, no solamente en su aspecto material que ya es mucho decir, sino en el aspecto más sutil de las costumbres y hábitos sociales en la actitud misma del panameño frente a la vida. El problema no es solo el de que, estando la sociedad en proceso de cambio, la escuela deba paralelamente marchar al mismo ritmo de las necesidades, sino hasta qué punto la Educación debe ejercer una acción directriz al respecto.

No puede la escuela permitirse el lujo de asumir una actitud contemplativa, o sencillamente receptiva, frente a un posible colapso de nuestra estimativa de valores humanos por satisfacer una urgente demanda de técnicos. La respuesta está en una técnica humanizada, como en una ciencia y un arte espiritualizados. ¿Cómo se ha de realizar el milagro de esta conjunción?, es cuestión de la ciencia de la Pedagogía.

El tipo ideal que la continuidad histórica de nuestra sociedad reclama, es aquel tipo de hombre que al salir de la escuela encuentre su puesto dentro de la nueva estratificación profesional o vocacional que se está forjando y que, en hallándolo, desempeñe su cometido con la destreza requerida, con sentido de responsabilidad; que en sus relaciones con los otros hombres su comportamiento vaya subrayado por el respeto a la persona humana; y que su conducta como ciudadano sea la expresión de su fe y convicción en el ideal democrático.

La República nacida hace ocho años más de una centuria y la Nación aún en gestación, también le exigen una conducta específica frente a las cuestiones del Canal (bajo administración panameña): la de estar siempre dispuesto a supeditar sus intereses particulares, ya como administrador, ya como empleado, comerciante o propietario, a los intereses más amplios y más trascendentales de nuestra nacionalidad.

Pedagogo, escritor, diplomático.