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La reelección presidencial y el problema del voto plancha


Jaime Correa Morales (opinion@epasa.com) / Empresario

Partamos con una mente limpia, pues es obvio que al actual presidente le está vedado, constitucionalmente, así es que él no podrá (ni quiere) reelegirse en 2014. He dicho anteriormente que impedir la reelección presidencial es negativo para el país si es que algún presidente es excepcionalmente bueno y los electores deseen reelegirlo para que el país continúe progresando, pero eso sí, por una sola vez. De hecho, la mayoría de los países desarrollados, con más inteligencia, la practican, lo que comprueba mi aserto. La reelección significa un aprovechamiento de experiencias y de continuidad de un gobierno, con lo que se evita el trauma del aprendizaje o ambientación de los nuevos, que podría durar hasta años, recurso demasiado importante para ser desperdiciado en perjuicio de 3.5 millones de panameños. El mejor y más cercano ejemplo lo tenemos en el canal, con el Ing. Alberto Alemán Zubieta. Tenemos que liberarnos de los clisés que teníamos, producto de las deficiencias electorales de que adolecíamos durante el periodo en que aún se organizaba el Estado panameño en el siglo pasado y actualizarnos, puesto que nuestro actual moderno sistema eleccionario hace casi imposible que esto vuelva a suceder y, además, se ha comprobado, por cinco elecciones consecutivas que es la oposición la que siempre triunfa en Panamá. ¿Por qué, entonces, temerle a la reelección si esta aplicaría no exclusivamente para CD, sino para cualquiera y todos los partidos y gobiernos venideros? Si no se aprueba la reelección ahora, el próximo gobierno solamente podría aprobarla para que se pusiese en práctica a partir del 2019, y sería tiempo valioso desperdiciado en momentos en que el país lleva un extraordinario ímpetu de desarrollo, en todo sentido, nunca antes visto en Panamá y que pudiera desacelerarse. El real problema político panameño es estructural y no solo la reelección per se, se origina en las disposiciones de un Código Electoral estructurado por y a la medida de la dictadura, que recibimos en herencia y que aún nos rige debido al egoísmo y desconfianza de malos políticos. Los diputados escogidos por corregimiento, cual si fueran representantes, surgen de un muy reducido círculo de candidatos, lo que hace muy factible la elección de personas o candidatos no suficientemente aptos para este ejercicio; cuando antes del golpe del 68 los diputados eran provinciales y tal oferta de candidatos era mucho mayor y ello permitía al elector escoger mejor. Hasta me atrevería a proponer diputados “nacionales”, que cualquier panameño se pueda postular por cualquier provincia, pues no es quien se postula el que elige, sino los votantes. Esto mejoraría sustancialmente la calidad de nuestros diputados. El otro gran problema es el “voto en plancha”, que es discriminatorio, pues permite solamente a ciertos electores votar por más de un candidato cuando otros solamente pueden votar por uno, y muchos de estos candidatos, pese a no tener méritos, resultan elegidos no por sus propios votos, sino porque son “jalados” por los otros miembros de su nómina. ¿Por qué, entonces, la permanente queja sobre el comportamiento impropio de algunos diputados si el problema se origina es en el Código Electoral obsoleto que podemos y debemos cambiar ahora? Si no se logra hacer ya los cambios mínimos, a futuro tendremos la misma inútil “lloriqueadera” por malos diputados, además de que su incapacidad hace incrementar el desprestigio del parlamento y de la clase política en general, todo lo cual puede causarnos inestabilidades sociales, como en efecto parecieran estarse gestando. Lo curioso es que quienes más se quejan, son los que ahora no quieren reformas.