default

La renuncia: nuevo acto del show


Durante lo que va de la presente administración del Presidente Ricardo Martinelli, la cantidad de personas que han presentado su renuncia por diferentes razones, en su mayoría, en medio de algún escándalo mediático o político es digno de un análisis riguroso.

Es que en otras épocas, la palabra renuncia era sinónimo de dignidad, respeto, etc. Pero peligrosamente para el fortalecimiento de las instituciones democráticas, cada vez que un funcionario que, envuelto en algún escándalo, termina renunciando o en el mejor de los casos, recurriendo al eufemismo de “poner su cargo a disposición del Presidente”; termina por ser una salida fácil a los problemas de la persona involucrada.

Y es que cada vez que un funcionario de forma redundante nos demuestra que no sabe que todos los cargos públicos designados por el Presidente están a disposición de él, termina escurriéndose en las arenas movedizas del olvido de la opinión pública, en la cual nunca se sabe cuál fue el papel del Ministerio Público o de otras instancias encargadas de la fiscalización o investigación de las denuncias ciudadanas y de los medios de comunicación.

En medio de las acusaciones de quienes hasta hace poco convivían incómodamente en la llamada Alianza por el Cambio, la ciudadanía panameña se pregunta porqué ahora es que aparecen tantas acusaciones, señalamientos y recriminaciones, donde los que han quedado con el poder del Ejecutivo dicen que sus antiguos aliados son culpables de todos los males y desgracias de su gestión y los otros, lo mismo pero al revés.

Así de rara es la politiquería barata a la que nos quieren acostumbrar los políticos que están o quieren volver al poder. Incluso entre algunos opositores del PRD se han entablado caminos de comunicación tanto con el gobierno, como con autoridades del Municipio de Panamá. Por supuesto, cada uno por su lado. Para que no se note la cosa, claro. Los que quedan han decidido revivir la Cruzada Civilista con un movimiento de nombre raro, demuestran la desesperación de quienes necesitan una papeleta más para no participar solos en el próximo torneo electoral.

Lo que yo recuerdo es que a final de los ochenta, cuando se llamaba a una manifestación de la cruzada civilista, no había nunca menos de 10,000 personas. Si las concentraciones hubieran tenido el éxito de la última realizada en la Iglesia Del Carmen, seguro Noriega seguiría en el poder.

Si, entretiene el show. Pero da pena que los políticos no sean consecuentes con el esfuerzo del resto de los panameños por sacar adelante a este país a pesar de todo.