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La República de Panamá y el mito del desacoplamiento


Frente al grave y eminente peligro que para toda la humanidad representa el proceso de sobrecalentamiento global generado por la emisión de gases invernaderos, el Panel Internacional sobre el Cambio Climático ha propuesto como meta que las emisiones de carbón sean reducidas entre un 50% y un 85% para el año 2050, con la finalidad de lograr una estabilización en el ambiente de 450 ppm de carbón. Los economistas de la llamada corriente principal, los cuales actualmente pueblan los ministerios de economía y finanzas en la mayoría de los países, han venido sosteniendo que, aún manteniendo el crecimiento económico a los ritmos tradicionales, esta meta se puede lograr recurriendo al desacoplamiento material, es decir con el simple recurso a un cambio en la técnica de producción que logre reducir la utilización de carbón por unidad de producto a un nivel tal que logre superar el impacto de la creciente producción. Desgraciadamente, tal como lo ha demostrado Tim Jackson en su reciente libro Prosperity Without Growth, esto no se ha venido consiguiendo a nivel internacional, argumentado de manera convincente, además, que resulta poco probable que esta situación varíe en el futuro próximo.

En el caso de Panamá, el modelo de crecimiento concentrante y excluyente que caracteriza la economía no escapa a esta realidad. En efecto, en base a las estadísticas disponibles en el Banco Mundial, se puede observar que entre 1996 y el 2007 la emisión de CO2 por unidad de PIB a precios constantes se redujo en aproximadamente 19%, lo que muestra la presencia de un desacoplamiento relativo. Sin embargo si se tiene en cuenta que durante el mismo período la producción se elevó en cerca del 83%, se puede concluir que la emisión total de CO2 generada por las actividades económicas realizadas en el país acabó elevándose de manera significativa. Este incremento significó pasar de un total de emisiones equivalentes a 4,876.8 kilo toneladas en 1996 a otro de 7,243.7 kilo toneladas en el 2007, para un crecimiento de 48.5%, lo que llama la atención sobre la inexistencia de un desacoplamiento absoluto.

Nos encontramos, entonces, no solo ante a un modelo económico que genera una profunda inequidad social, la cual se manifiesta en elementos tales como la muy sesgada distribución del ingreso y la reducción del salario real, sino que también produce un notable costo ambiental. En efecto, si se tiene en cuenta que las recientes investigaciones de Frank Ackerman y Elizabeth A. Staton, publicadas en su libro “Climate Risk and Carbon Prices”, muestran que el costo negativo de la emisión de una tonelada de carbón al medio ambiente se puede calcular en 900 balboas, es posible concluir que el costo asociado a dicho tipo de emisiones en Panamá alcanzó en el 2007 un equivalente a 6,519.3 millones de balboas, suma equivalente al 32.9% del PIB a precios corrientes de ese mismo año. Todo esto apunta hacia la necesidad de generar un nuevo modelo de desarrollo nacional, sostenido en la justicia social, la sostenibilidad ambiental y una profunda y efectiva democracia participativa.