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La responsabilidad de los medios


La prensa independiente debe garantizar la veracidad de las informaciones que proporciona al público. Cuando algún medio o algún profesional del periodismo no cumplen con esta premisa, se generan modos de desinformación que afectan aspectos cruciales de la vida social y la credibilidad de la prensa en su conjunto. También se abona la acción de quienes, sintiéndose afectados por la libre circulación de informaciones, tratan de restringir los alcances de la libertad de prensa.

En los últimos días se produjeron diversos hechos de este tipo de fallas periodísticas. Un caso especialmente grave es el protagonizado por el diario La Prensa, cuando el pasado 11 de julio, dio a conocer una noticia en la que manifestaba que los supuestos “hackers” de la computadora del ministro de la Presidencia, utilizaban a la ACODECO como centro de operación para sus actividades.

La veracidad de la información publicada y la credibilidad de la fuente fueron cuestionadas, y luego se solicitó al diario hacer su debida corrección, tratándose de una investigación con ribetes penales y con consecuencias para la seguridad integral del Estado, y en donde los medios, en general, han jugado un rol importante en su divulgación y seguimiento. La Prensa, en uso de sus facultades periodísticas, reiteró la información publicada y se negó a admitir que la información era falsa.

También han salido a la luz numerosos casos de medios que publicaron informaciones y reportajes falsos sobre temas sensibles. En algunos casos, las notas recibieron el beneplácito de los demás periódicos e incluso fueron reproducidos, copiados y hasta referidos en medios electrónicos. Si bien los casos más conocidos han sucedido en la periferia del Gobierno o han afectado a ministros y allegados, se trata de un problema que aparece cada día más y en medios del más diverso tipo.

Según las opiniones de algunos expertos, una de las causas básicas de esta clase de sucesos es la enorme competencia para disponer de información impactante, la que conduciría a una reducción del rigor en el control de la información que se maneja. Los periódicos han adquirido en los últimos años un lugar preponderante en la sociedad porque actúan como transmisores de información, a partir de la cual los ciudadanos toman sus decisiones políticas y las empresas sus decisiones económicas. Igualmente, la importancia que tiene la imagen pública en las ponderaciones sociales de personas o productos refuerza la importancia de los canales de televisión y emisoras de radio a través de los cuales circulan informaciones y opiniones.

Esta posición exige que los medios no sólo sean independientes y no estén sometidos a las presiones de las diferentes manifestaciones del poder social, sino que su trabajo cumpla con los requisitos más altos de honestidad y profesionalismo. Esto supone, en primer lugar, utilizar información veraz y disponer de sistemas efectivos para comprobar esa veracidad. Cuando un periódico, por ejemplo, utiliza una fuente que transmite información falsa, no puede esconderla y si decide protegerla, entonces debe reconocer su error. Cuando un medio falla en cumplir este requisito fundamental contribuye, lógicamente, a generar desconfianza en la población hacia los medios en general.

Esta desconfianza puede ser utilizada para desprestigiar a los medios de comunicación en general e, incluso, para restringir el ejercicio de la libertad de prensa de parte quienes se sienten afectados por el empleo de este derecho. Por otro lado, la difusión de los sentimientos de desconfianza y de expectativas frustradas con relación a instituciones importantes de la sociedad son fenómenos inquietantes dentro de cualquier comunidad, lo que refuerza la responsabilidad de los medios.

En definitiva, los medios son necesarios y cumplen un papel importante dentro de la sociedad. Pero abusar de ese poder y esconder la mediocridad en figuras acomodaticias como la reserva de la fuente o de utilizar una página del lector para justificar un error editorial, dan pie para que se cuestione la legitimidad de los medios o se escuchen discursos en contra de la libertad de expresión. Es hora que la prensa libre de Panamá sea veraz, precisa y exacta. No hacerlo sería jugar con lo que está quieto