La responsabilidad de portar un arma
Desde hace años se han hecho habituales las ideas de que la población debe armarse para combatir la criminalidad que cada año se incrementa en Panamá. Un enfoque que parece remedar la idea principal que esgrime la Asociación Nacional del Rifle, en los Estados Unidos, alegando que es un derecho humano defender la vida, integridad y bienes. No estoy en desacuerdo con la idea, evidentemente hay un derecho a la legítima defensa; pero, tras tantos años de evolución de las instituciones políticas, jurídicas y sociales de los países eso es un arma de doble filo. Por ello se habla del derecho pleno de todos a ser protegidos por el Estado.
Empezaría diciendo que todo el que compra un arma cree tener una buena razón para haber decidido hacerlo. Hay quienes lo hacen porque les gusta andar armados y gustan de esa sensación extra de poder que brinda la posesión de un arma, y de ahí a un desenlace fatal es cuestión de tiempo. Muchos más son los que dicen que temen por su seguridad y la de sus seres amados, descartando otras medidas de protección.
He tenido contacto con personas que me piden un certificado para solicitar el permiso para portar armas y siempre mi respuesta es negativa, por principio no lo hago, y creo que los exámenes para ello deben ser sumamente exhaustivos, ya que una cosa es la persona cuando está tranquila y sin apremios y esa misma persona puede cambiar drásticamente en otras circunstancias y, más aún, si se tiene un arma en la mano. Eso hace variar el comportamiento de cualquier persona.
Por ello, no debe ser tan fácil para cualquier persona adquirir un arma, hay que reglamentar más ese tema, más que nada en lo que a los exámenes se refiere, se debe conocer profundamente la personalidad del individuo de forma que se disminuyan las probabilidades de una fatalidad.
El hecho de que alguien sienta que posee un poder grande puede ser algo muy seductor para la mayoría y se ha encontrado que quienes tienen un apego excesivo por las armas tienen en su base psíquica aspectos que los inclinan a sentirse sumamente poderosos. Evidentemente, no es así en todos los casos, pero la mayoría sufre los efectos de eso, como sucede con muchos policías que llegan a sentir tanto apego por su arma que no pueden salir si no andan armados.
Hay personas muy expertas en el uso de armas, muy equilibradas, pero no las consideran como su primera opción ante cualquier situación incómoda, no sienten que ante lo que sea deberán utilizar su arma de fuego, y ya hemos visto personas que por cualquier incidente menor la sacan a relucir como en el caso de un director de escuela secundaria, que por quererse colar en un corredor amenazó al que no lo dejó meterse de forma irrespetuosa en la fila. Tan solo por citar un ejemplo.
El hecho de que alguien de tanto oír en radio, ver en televisión y leer en los diarios que la criminalidad está disparada no debe ser razón suficiente para decidir comprar un arma.
Creo que hay que ponerles un control férreo y serio, tal como ocurre en países como Japón, donde hasta para la temible Yakuza es una tarea ardua poseer armas, y se sabe que los homicidios por armas de fuego en ese país son muy bajos. No digo que ese es el modelo ideal, pero hay que controlarlas para poder establecer políticas de tenencia y porte de armas más eficaces. En Panamá proliferan tanto que ya vemos los arsenales en las cárceles, no las que decomisan, sino las que existen de verdad, las requisas policiales no sirven para nada, porque sacan 10 del penal y a la hora entran 20.
Frente a eso, la mejor forma de prevenir el crimen es la prevención y la educación, no hay otra forma, la justificación de los estadounidenses se cae por su propio peso, porque hasta un 85% de las armas que usan muchos de los que protagonizan los tiroteos masivos en escuelas, universidades, cines, almacenes, etc. son armas de uso legal.