La Revolución Emocional
Durante casi un siglo a las personas se les ha medido por su cociente (o coeficiente) intelectual, una puntuación que resulta de algunos tests diseñados para medir la inteligencia. A mediados de los 80, apareció la teoría de las inteligencias múltiples, y una década más tarde llegó la revolución con la inteligencia emocional. Desde entonces todo se ha querido cambiar en las prácticas laborales o educativas y en las relaciones familiares y personales. Ya no se considera suficiente el cociente intelectual y la pericia para lograr del éxito en la vida, sino que también es imprescindible el dominio de ese complejo psicológico al que se denomina inteligencia emocional. Durante décadas se aplicaron los tests de inteligencia para ver cuál era el nivel de inteligencia de las personas.
El antiguo “cociente intelectual” fue perdiendo poco a poco su carácter monolítico y ha sido posible diferenciar los componentes de la inteligencia, que hoy se entienden como dimensiones independientes entre sí. Y está claro que la inteligencia de las personas ya no se reduce a un número (el cociente intelectual), sino que pueden existir en cada persona impresionantes capacidades de los tipos de inteligencia.
La inteligencia personal (tanto la interpersonal como la intrapersonal) determina nuestra capacidad de dirigir la propia vida de manera satisfactoria y conforma la inteligencia emocional.
¿Pero qué es la inteligencia emocional? Podemos definirla como “la capacidad de aplicar la conciencia y la sensibilidad para discernir los sentimientos que subyacen en la comunicación interpersonal, y para resistir la tentación que nos mueve a reaccionar de una manera impulsiva e irreflexiva, obrando en vez de ello con receptividad, con autenticidad y con sinceridad.” El término de inteligencia emocional lo usó por primera vez en 1985 el estudiante norteamericano Leon Payne en el título de su tesis. Pero quien difundió el término por todo el mundo fue el escritor y consultor norteamericano Daniel Goleman, que en 1995 escribió el libro, Inteligencia emocional, en el que recopiló mucha información interesante acerca del cerebro, las emociones y el comportamiento, y en el que formuló su propia definición de inteligencia emocional.
Lo bueno de estas capacidades es que no son talentos naturales sino capacidades aprendidas que, una vez incorporadas a nuestra vida, ya se mantienen para siempre. Por eso proponen pautas para comenzar la educación de las emociones ya desde la primera infancia. Y por eso las organizaciones de todo tipo se han lanzado a la formación de sus miembros y equipos directivos con programas que ayuden al desarrollo humano.
www.telefonodelaesperanza.org (ccs@solidarios.org.es).
