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La roca firme que son los hechos


La política internacional, como toda política, y la diplomacia, como servidora más o menos fiel y más o menos díscola de esa política, tienen como punto de partida y condición “sine qua non” para ser acertadas y traer a casa los frutos que se esperan de ellas, el partir de las realidades.

Otra cosa es responder a la pregunta de si deben o no conformase con ellos, pero los hechos son un punto de partida irrenunciable.

Lo que nos lleva derechos, en primer lugar, a la necesidad que tiene todo país que quiere anotarse éxitos relevantes en el complejísimo mundo de la política internacional, de tener las herramientas mínimas necesarias para disponer de información sobre lo que ocurre –los hechos- en los diversos escenarios donde se encuentran comprometidos los intereses nacionales.

Y, en segundo lugar, a la necesidad de personal especializado, docto, estable y bien motivado, para detectar las realidades muchas veces ocultas debajo del relumbrón de los titulares, como esas rocas pardas, debajo de la marea alta, en la bahía de Panamá.

Es un campo esencial para el acuerdo nacional: el respeto a las carreras, el cultivo de los talentos, la fijación de los objetivos a largo, mediano y corto plazo, y los principios que dan sentido a las prioridades. Aquí no cabe ni la improvisación ni la inconstancia.