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La ruta del Hokule’a

Por: Redacción 21/01/2017

En nuestro trayecto a lo largo de la vida, que así como puntualiza José Alfredo Jiménez en su laureada ranchera Camino de Guanajuato: “comienza siempre llorando y así llorando se acaba”, algunos trabajamos para vivir y otros vivimos para trabajar. La diferencia la marca siempre lo mismo, una pasión, un sueño, la distinción entre el ser y el estar que dista a algunos y marchita a la mayoría.

El sábado pasado, timbró nerviosamente el celular. Se trataba de Nathan Gray, fundador y ejecutivo principal de Earth Train, noble empresa que se dedica a la formación sobre la naturaleza por allá por el valle de Madroño, génesis del brioso río Mamoní, donde adquirió cientos de hectáreas con la condición que jamás serán abatidas por el hombre, sino más bien mantenidas en su estado virgen para el beneficio de todos, para recordar nuestros orígenes en tiempos de equívoca masiva destrucción.

“Disculpe que perturbe su tiempo libre y con tan corto anticipo. Necesito que esgrime como maestro de ceremonia y brinde una cálida bienvenida a Panamá al capitán Nainoa Thompson y la tripulación de la canoa polinesia Hokule’a en el Biomuseo mañana en la tarde”, glosó enérgicamente mi interlocutor.

“Es grato saludarle, Nathan, para usted no existen reparos ni excusas. Para mí no existe tiempo libre con tal de colaborarle en su noble empeño,” riposté.

La Polynesian Voyaging Society ha emprendido un muy particular viaje de circunnavegación del globo, anclando su canoa en el Club de Yates de Balboa, posterior al tránsito por el Canal de Panamá, en el último trecho del recorrido de tres años de duración. Utilizando métodos ancestrales de navegación polinesios, identificados en inglés como “wayfinding”, abarca la utilización del medioambiente (estrellas, nubes, olas y vientos) como su única guía. ¡Ni una pinche brújula! Primerizo, un viaje de esta naturaleza jamás ha sido emprendido en la historia.

Hokule’a significa “estrella de la alegría” en lengua polinesia tradicional, refiriéndose a Arcturus, astro que sirve de guía a navegantes sobre las islas de Hawái. Así fue bautizada la canoa de dos cascos, de 20 x 6 metros, utilizada para cruzar el mundo, nos puntualiza el capitán Nainoa Thompson.

De hecho, si el relato fuese simplemente sobre navegar alrededor del mundo, sería vano. En su lugar, en el corazón de este fantástico desplazamiento, late el concepto de guía, una creencia cultural pero en conclusión universal.

Si deseamos legar un mundo mejor a nuestros hijos, debemos comenzar a cuidarle ya. Transformándose la sostenibilidad en un norte global, un tema que los isleños del Pacífico han tratado durante miles de años, la expedición se denomina Malama Honua (“guareciendo la Isla Tierra”) con el puntualizado énfasis que nuestro mundo es una isla y que existen enseñanzas que podemos aprender de comunidades de isleños, convirtiéndose este en el principal aliciente para navegar 47 mil millas náuticas transmitiendo el mensaje en 85 ciudades al contorno de 26 diferentes países.

La pasión y férrea voluntad ubican al capitán Nainoa en un ámbito exclusivo, aquel reservado a quijotes como Balboa, Magallanes y Colón.

La vida es un sueño y los sueños... sueños son. Nos sentimos honrados en saludar a este sencillo hombre, por siempre bronceado por las olas de la valentía, con firmeza al estrechar las manos y determinación a prueba de las saladas aguas de los océanos. ¡Bienvenido a Panamá!

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