La salud es un negocio, adiós juramento hipocrático

Por: Redacción 12/09/2017

Muy pocas veces expreso lo que pienso sobre un tema que está trillado en la sociedad panameña y que de alguna manera se ha digerido, no porque se quiera hacer, sino porque quizás después de tantos años nos hemos cansado de esperar que mejore. Me refiero al pésimo sistema de atención médica que la mayoría de la población busca en los hospitales, centros de salud, o como se les quiera llamar. Hoy, solo quiero hacer referencia a la pésima atención médica y al talante arrogante e inconsciente con que muchos médicos tratan a sus pacientes. Aclaro que esto no ocurre en el sector privado donde la cortesía, la paciencia y el profesionalismo cuestan un billete.  

Estoy seguro de que usted como lector tendrá su propia experiencia sobre el tema. En lo personal, he sufrido desaires y así estamos la mayoría de los panameños. Sin embargo, también dejo el espacio para salvar el voto por esos escasos médicos que sí son consagrados y practican con disciplina su profesión, sin importar el dinero. Qué bueno es sentarse en una banca de un consultorio de un hospital público y poner las esperanzas de vida en manos de un galeno diligente. Lamentablemente, eso no ocurre en la mayoría de los casos.

Lo que sí debo dejar claro es que la solidaridad entre ellos es envidiable. Cuántas veces se ha conocido sobre negligencias médicas que han cobrado la muerte de muchas personas y no se ha conocido de un médico responsable con un gramo de ética que lo denuncie. Tampoco es falso que en muchos hospitales públicos, especialistas dañan los equipos para que los enfermos toquen la puerta de sus clínicas privadas, donde por casualidad sí existen esos mismos equipos. Tampoco es mentira que tenemos médicos adivinadores, que con una ruleta rusa, apuestan a la suerte para identificar el malestar del paciente.

Por otro lado, la hipocresía con la sociedad se oculta cuando se disfrazan de buenos samaritanos, armados de medallas y chalecos, pidiéndole al pueblo que done efectivo para obras sociales. Sin embargo, cuando se les pide hacer jornadas de salud para atender a personas de extrema pobreza se pueden contar los voluntarios. Tampoco vemos a consorcios médicos prestando sus clínicas privadas para desarrollar exámenes médicos o prestando sus equipos. Los usuarios del sistema público debemos esperar, aunque la muerte sea impaciente.

Está muy claro que el negocio de la salud es rentable. Lo que no pretendo entender es cómo esos de bata blanca desatienden su juramento hipocrático que tiene un contenido de carácter ético y que orienta al médico en la práctica de su oficio. Este compromiso señala  "una regulación en  las obligaciones hacia el maestro, su familia, los discípulos, colegas y hacia los pacientes". 

Por respeto al lector, debo aclarar que esa reflexión sobre la calidad en la atención médica está dirigida a llamar la atención de esos galenos que viven cuestionando el trabajo del periodista panameño, por el simple hecho de no estar de acuerdo en cómo se forja y se olvidan de que tienen mucho por hacer en su propia profesión. Tengo fe y confianza en que en algún momento los periodistas y los medios de comunicación sabremos cómo resolver nuestros propios problemas. Por el momento seguimos informando, educando y entreteniendo a la comunidad.

Periodista

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Martes 14 de julio de 2026