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La sanción moral de la opinión pública


La clasificación más común de las sanciones se agrupa en las cuatro especies siguientes: la sanción natural, la legal, la de la opinión pública, y la interna. La primera es la que surge como consecuencia natural de nuestros actos.

Así, por ejemplo, es natural que una vida higiénica tenga como consecuencia una existencia sana, y que, por lo contrario, la intemperancia o el vicio acarren enfermedad y la miseria moral. La sanción legal es una sanción penal. Se trata del conjunto de castigos fijados por la ley, que se aplican a los culpables de violación de disposiciones legales.

La sanción de la opinión pública es ya de carácter moral y consiste en el juicio que las demás personas se forman, con respecto a nuestras acciones y a nuestro carácter.

Es evidente que las buenas acciones despiertan la estimación y el aprecio de nuestros semejantes, mientras que las malas acciones inspiran el desprecio, la aversión y condena, aunque el causante haya eludido las sanciones de la ley. Esta sanción, de carácter moral, desempeña un importantísimo papel en la vida social, laboral y política.

La opinión favorable de que goza el político honesto por parte de la opinión pública es un acicate para su progreso y para su eventual promoción política.

Por último, la sanción interna es la que dicta la propia conciencia. Es un fuerte sentimiento moral que se experimenta cuando se han cumplido las obligaciones impuestas por el trabajo y por la perfecta convivencia social. Este sentimiento es más intenso y meritorio cuanto más duro y difícil es el acto que ha de cumplirse.

El remordimiento es igualmente un sentimiento moral, pero surge en la conciencia si no se ha cumplido a sabiendas con el deber.

Hay que hacer notar que cuando un ser humano ha realizado un acto, surge en su conciencia otro sentimiento especial de aprobación o desaprobación, según que haya cumplido o no su deber.

Si ha cumplido, le parece haber adquirido un derecho al elogio, cree que ha realizado algo valioso y se considera merecedor de estima y de premio. El premio que exige no es siempre monetario. Un elogio, aunque breve, vale a veces mucho más, porque el individuo se siente realizado en su valía.

Los politiqueros, tránsfugas, mentirosos, están sujetos al juicio (sanción moral vitalicia) de la vindicta pública. Apoyamos la tesis que formula: cada era, cada generación concibe diversamente las condiciones de la vida social, cultural y política y renueva en consecuencia los valores morales.

Pedagogo, escritor, diplomático.