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La segunda muerte de Neruda


Mario Castro Arenas (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Desde el ventanal de su dormitorio en la Isla Negra, Pablo Neruda vio el pelotón de soldados armados hasta los dientes que se aproximaba para allanar su mítica residencia. Enfermo, afiebrado, bajó para atajar a la soldadesca enviada por Pinochet. Matilde Urrutia se adelantó para preguntarle al capitán al mando de la tropa si su propósito era detener al poeta ya postrado por el cáncer. Le respondió el oficial que sus instrucciones eran buscar subversivos allendistas escondidos o materiales peligrosos. Busque nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes. ¿Qué cosa? - preguntó, alarmado el capitán, quizás, llevándose una mano a la funda de la pistola.

¡La poesía¡ - dijo el poeta.

Al día siguiente, Neruda empeoró, y Matilde, por indicaciones del médico, decidió llevarlo a una clínica de Santiago. La ambulancia fue detenida varias veces por retenes militares. La gravedad física de Neruda se aceleró por el desmoralizamiento de la dictadura cerril, que ya había ordenado el enterramiento secreto de los restos de Salvador Allende. Después, la policía saqueó la Chascona, la casa de Neruda construida en las faldas del cerro San Cristóbal, nido clandestino de sus encuentros amorosos con Matilde Urrutia, cuando todavía estaba casado con Delia del Carril. Vidrios molidos, libros desgarrados hoja a hoja, pinturas violadas a bayonetazos fueron el saldo desdichado del paso de las hordas del Atila encharretado, enfurecidas por la vivienda que exhalaba amor y poesía en cada metro cuadrado. El entierro de don Pablo fue uno de los más valerosos actos de protesta contra la salvaje dictadura que no la sofocó porque estaba torturando y fusilando a los allendistas en el estadio nacional.

Jorge Edwards reconstruyó en “Adiós poeta” los espantosos momentos de las dos muertes de Neruda, una por el cáncer y otra por la barbarie pinochetista. Han vuelto a mi memoria las páginas testimoniales de Jorge Edwards sobre el cáncer que padeció Neruda cuando desempeñaba la Embajada de Chile en Francia al conocer que un juez chileno ha ordenado la exhumación de sus restos por sospechas de asesinato. No es necesario hacerlo. Antes se exhumaron los restos de Salvador Allende y de Eduardo Frei padre.

En el caso específico de Neruda, sus familiares, camaradas del partido comunista y amigos estaban al tanto del proceso canceroso que padeció. En realidad, asesinar a Pablo Neruda tal vez más que un delito de homicidio hubiera sido una estupidez mayúscula.

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Viernes 14 de agosto de 2026