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La segunda vuelta electoral


Para instituir la segunda vuelta no es necesario reformar la Constitución; bastaría una Ley, con un considerando, que cite el texto constitucional, y un solo artículo, que digan: “Considerando: Que el Artículo 177 de la Constitución Política establece que “el Presidente de la República será elegido por sufragio popular directo y por la mayoría de votos, para un período de cinco años; Decreta: Artículo Único: Cuando a las elecciones concurran más de dos candidatos y ninguno obtenga la mayoría, o sea, el 50%, más uno de los votos, los dos candidatos más votados concurrirán a una segunda vuelta que se realizará treinta (30) días después de la primera elección”.

Con la interpretación absurda, hasta ahora aplicada, se tergiversa el sentido lógico y común del texto citado arriba del Artículo 177 de la Constitución. En todas partes del mundo, por “la mayoría” se entiende la mitad más uno de los votos. Por consiguiente, si la Constitución dice que el presidente, o la presidenta, serán elegidos por “la mayoría de votos”, en un recto sentido debe entenderse que el texto constitucional exige, como mínimo, la mitad más uno, de los votos válidos. La elección presidencial por “mayoría relativa”, permite absurdos, como el que se dio en el año 1994, cuando con un 32% (equivalente al 25% de los electores), fue electo PB, a pesar de su rampante falta de representatividad.

Mireya Moscoso y Torrijos alcanzaron el 43% y 47%, respectivamente. Por tanto, sus mandatos fueron más representativos. Y más aún el de Martinelli, que superó el 60%.. Pero así como las tres últimas elecciones han borrado la aberración de 1994, de no corregirse el sistema, bien podría ocurrir que en futuras elecciones, si concurren 4 o 5 candidatos, alguien pueda ganarlas con poco más del 20%.. Matemática y políticamente es posible.

La doble vuelta no sería “nada exótico”; existe en la mayoría de los países latinoamericanos, que exigen el 50% de los sufragios para ganar en la primera vuelta. Además, la doble vuelta propiciaría que surjan “nuevas alternativas políticas” que, bajo el sistema imperante en las elecciones panameñas, “son ahogadas por la polarización” en las dos candidaturas principales. El argumento de que los candidatos descartados pueden hacer “arreglos” para “traspasar sus votos” en la segunda vuelta, es una enorme falacia. Y más perjudicial para la democracia es que previamente, como ahora ocurre, se “negocien” alianzas y repartos anticipados de “espacios políticos”. En definitiva, el pueblo, único y auténtico soberano, decidiría qué candidato es el mejor, o el “menos malo”.

Abogado, político independiente.