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La seguridad alimentaria en el país


Marisín Villalaz de Arias (opinion@epasa.com) / Doctor.

A solicitud de varias personas, me atrevo a publicar nuevamente este artículo por considerarlo de actualidad. Hace muchos años, cuando se descubrió el petróleo en Venezuela, miles de venezolanos emigraron del campo a la ciudad en busca de mejores tiempos; resultado, descuidaron ese campo y no produjeron más alimento, trayendo una crisis alimentaria en el país que fue difícil superar. Aún lo recuerdo. Una de las mayores riquezas de un pueblo es la alimentación y la autosuficiencia en la misma. En países desarrollados, los Gobiernos subsidian productos para que los productores no dejen de sembrar y cosechar para alimentar al pueblo.

Nuestro interior ha sido base agropecuaria desde hace años, lo que nos ha permitido ser autosuficientes en varios sectores y, últimamente, ha incrementado la exportación de frutas, camarones y otros frutos marinos y varios productos más. Desde luego que eso ayuda a la economía del país y a lograr un poco de equilibrio, ya que somos importadores por antonomasia. Desde luego que nuestra naturaleza no permite en ocasiones el éxito completo a nuestros productores. Cuando llueve tempranamente, los salineros tienen pérdidas en su producción de sal, los tomateros, las sandías y muchos otros productos.

Sabemos que cuando a cebolleros y arroceros se les trastorna la producción, se importan y llenamos las necesidades del pueblo. Sin embargo, son muchos los factores que encarecen esos productos y la canasta básica se modifica negativamente en detrimento del consumidor.

En la provincia de Los Santos, que antes era un gran productor, ha disminuido esa actividad y están vendiendo las tierras para actividades ajenas a la agrícola, de manera que tanto la ganadería como la agricultura han disminuido. Para mi sorpresa, cuando los indígenas cerraron la carretera de Chiriquí, Los Santos no pudo suplir ni resolver el problema alimenticio y eso es preocupante. Considero que debemos dar más protección a ese renglón agropecuario sin perjudicarlo, porque un día nos quedaremos sin producción y no podremos pagar lo que valen los productos importados. Demos incentivos, protejamos nuestras cuencas hidrográficas, nuestras tierras fértiles sin desmejorar el turismo, pero protegiendo la vida del panameño.

De por sí, Panamá es un país pequeño donde no hay fábricas de insumos, de fertilizantes, etc. y eso encarece nuestra producción; pero aun así es la nuestra y no debemos, desde ningún punto de vista, perderla ni venderla. Panamá es nuestro país y no debemos poner en manos extranjeras más de lo que debemos.

Doctor.