La Sierra y el Llano
A Fidel lo conocimos en La Habana, los primeros días del triunfo, en el Castillo de la Fuerza, la fortaleza española donde se encontraba la Jefatura Nacional del cuerpo policíaco, comandado por Efigenio Ameijieras, combatiente de la Sierra y expedicionario del Granma, con quien me unía estrecha amistad ganada en la lucha insurreccional, a Echeverría en las lides universitarias, desde el inicio de los estudios superiores.
Fidel y José Antonio Echeverría fueron los máximos líderes en la Sierra y el Llano, respectivamente, los dos escenarios donde se desarrolló la lucha insurreccional contra la dictadura batistiana. (El Movimiento 26 de Julio calificó el Llano a sus acciones propias fuera de la Sierra, calificadas así por Fidel).
Estas denominaciones no pueden ser rigurosas, se me ocurre así, con el objetivo histórico de interpretación en la lucha insurreccional, al lado del líder estudiantil que alcanzó proyección nacional.
En el tiempo había una gran distancia, también en mis respectivas relaciones con ambos líderes. En el contexto revolucionario la trayectoria era en el Directorio. Los vínculos con el Movimiento 26 de Julio fueron casuísticos durante toda la dictadura, incluso en el exilio. Empero, mantuvieron en todo momento el mismo interés y comportamiento, era el ejemplo que nos daba José Antonio.
El combate en la Sierra se desarrollaba directamente, entre soldados de la dictadura, y rebeldes, en circunstancias muy diferentes del Llano, donde los combatientes revolucionarios al descubierto, enfrentaban a los sicarios de la policía y el ejército, sin ninguna protección natural, en condiciones totalmente desventajosas, tales que incidieron de manera virtual en el desarrollo de los acontecimientos.
El acercamiento a Fidel es hacia al líder máximo de la Revolución victoriosa, cuya imagen provenía del asalto al Moncada, del desembarco del Granma, la guerra en la Sierra Maestra, la lucha irregular en el país, que culmina con las Columnas invasoras hacia el occidente.
Con José Antonio Echeverría al contacto directo, en la universidad habanera, en las manifestaciones públicas dirigidas por el presidente de la FEU, en la Prisión del Castillo del Príncipe, en su compañía en numerosas y diversas oportunidades de acción revolucionaria, de responsabilidades delegadas, de convivencia familiar, de plena identificación revolucionaria, de compartir el mismo escenario y riesgos.
Así nació el sentimiento y la conducta de lealtad. Cuál podría ser la diferencia entre ambos líderes, que sembraron la unidad revolucionaria en la Carta de México, vísperas del desembarco del Granma y del asalto al Palacio Presidencial.