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La silenciosa juventud

Por: Redacción 04/12/2013

Marisín Villalaz de Arias /Médico (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Y digo silenciosa porque hoy, no solo la juventud sino también la niñez, pasan por el mundo sin decir las palabras necesarias para una verdadera comunicación entre los seres que habitan el planeta.

No me opongo a la tecnología moderna y más bien admiro a mis hijos y a quienes pueden encontrar todo lo que desean en los celulares y hacer maravillas con las computadoras, lo que yo ignoro totalmente y no creo que tenga suficiente tiempo disponible para aprenderlo. Sin embargo, con toda mi admiración por esa tecnología, estoy más satisfecha cuando puedo decir de palabras lo que quiero y escuchar, así mismo, lo que no quiero.

Muchas veces existen malentendidos que antes se solucionaban conversando e paracambiando ideas; ahora solo se chatean y se mandan mensajes que no son totalmente entendibles y el problema continúa con la consiguiente separación de las opiniones y de las ideas que, a la larga, solo llevan a tragedias.

Hace unos días vi a una pareja joven que regresaba a su hogar luego de hacer ejercicio en el parque. Ella iba adelante y él atrás chateando. Me pregunté dónde quedó la conversación que sostiene ese matrimonio y que es capaz de solucionar cualquier cosa que pudiera surgir entre ellos. El silencio se ha apoderado de nosotros y, en vez de comunicarse como Dios manda, no se dirigen la palabra como si estuvieran peleados. Así se acostumbran a no comunicarse hasta que el hastío toma cuerpo y un buen día nos enteramos de que esa parejita se está divorciando y yo diría que por cansancio de una soledad que es la consecuencia del silencio.

SI LA TECNOLOGÍA MODERNA FUERA PERFECTA, PARA QUÉ EXISTIRÍAN LOS MAESTROS, YA QUE ESTOS DICTAN LAS CLASES A BASE DE PALABRAS Y EXPLICACIONES PARA QUE LOS ALUMNOS COMPRENDAN LA ENSEÑANZA.

Ya los padres no tienen la oportunidad de contarles cuentos y cantos a sus hijos porque estos están ocupados con su celular. Esas palabras que hacen el cuento, dichas con la entonación correspondiente cuando el lobo se va a comer a Caperucita, son la fórmula mágica para que predomine el lenguaje y la comunicación, elementos indispensables para compartir experiencias y encontrar soluciones.

Si la tecnología moderna fuera perfecta, para qué existirían los maestros, ya que estos dictan las clases a base de palabras y explicaciones para que los alumnos comprendan la enseñanza. De lo contrario, pondríamos una proyección para que los estudiantes leyeran lo que allí dice y, a ver si terminan aprendiendo igual que cuando se los dicen los educadores. No es lo mismo que un maestro les hable a sus alumnos sobre valores dando ejemplos y explicando el valor que ellos tienen, que leerlos sin que los niños tengan a quien pararumpir con una pregunta aclaratoria sobre el tema que se trata.

Antes, con la comunicación del lenguaje, se suavizaban los regaños porque, al final, había comprensión. Hoy se llama la atención por correo electrónico o por celular sin que el joven o niño pueda defenderse. Las advertencias son más autoritarias y no es esa la manera correcta de corregir a los hijos, ya que, como dice William Ospina: Todo Autoritarismo Forma Seres Sometidos o Resentidos, Nunca Seres Libres e Iguales. Esta frase me pareció tan deliciosa, que he decidido escribirla con mayúscula para que impacte mejor a mis lectores porque los jóvenes que crecen resentidos se alejan de sus padres en cuanto puedan mantenerse solos y esos padres, que no se percataron a tiempo de su error, pierden a sus hijos que se les alejan por falta de comunicación correcta. La enseñanza y los procesos de corrección deben ser estudiados y sopesados. Así como anteriormente, en tiempos de mi niñez, muchos padres maltrataban a sus hijos dándoles una buena rejera o castigos exagerados para la falta cometida, ahora se han ido al otro extremo. La conversación, las palabras y el lenguaje continúan siendo el mejor sistema para la formación de los hijos.

Pensemos, analicemos las ventajas y desventajas de la tecnología moderna, sobre todo en exceso y retrocedamos un poco sin dejar aquella, pero recordando que la palabra bien dicha es un tesoro apreciado y la no dicha puede ser trágica. Las personas que se hablan tienen un sentimiento de pertenencia a una comunidad y el creer que todo lo sabemos solo nos lleva a lo contrario, al egoísmo y a que los demás sepan que no sabemos nada. Ojalá nos creamos superiores con base en la palabra y no a la tecnología solamente.

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Miércoles 12 de agosto de 2026