La silla vacía
El 4 de mayo del 2014, un alto porcentaje de panameños salieron de sus hogares a ejercer su derecho constitucional al voto. Muchos quedamos incrédulos cuando el candidato que las encuestas marcaban como el tercero, llegó al poder. Ganó vendiendo a los medios y a la población panameña que él era el candidato de los decentes y con una retahíla de propuestas demagógicas, prometió que no incurriría en las faltas del gobierno anterior, al que ellos catalogaron como corrupto. Hoy, a casi tres (3) años de su mandato, el panameño que votó esperando un cambio en lides politiqueras, se come un clavo. Como joven profesional y pensante, me decepciona la incapacidad de respuesta en materia de: justicia y derechos humanos, costo de la vida y oportunidades laborales, seguridad, y nuestras relaciones internacionales.
Resulta curioso recordar la campaña auspiciada principalmente por la Primera Dama de la República la cual nombraron “una sola bandera” que buscaba, pasadas las elecciones (entre otras cosas), la integración entre la población panameña, que en su momento se encontraba considerablemente polarizada en distintas facciones políticas. Nos vieron plumas en la cabeza, haciéndonos creer que buscaban la unidad cuando en realidad estaban planeando una vendetta.
He dedicado artículos anteriores a la forma tan peculiar con la que se han manejado los encargados de impartir justicia al momento de atender un caso relacionado con altos funcionarios de la administración 2009-2014 pero me resulta imposible, como estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, obviar este tema al momento de referirme al actual gobierno porque servir la Justicia a la Carta ha sido su bastión. Me sigo preguntando: si los que habitamos en nuestro país tenemos condición de seres humanos ¿quién ha dado la facultad de tratar con privilegios o con desventajas por el hecho de pertenecer a una organización política específica si la Ley dice lo contrario? ¿Por qué en dos casos análogos, al que es simpatizante del gobierno se le absuelve y sube fotos sarcásticas y a los de la oposición se les aplica la medida cautelar más radical o se les trata como delincuente sin existir resolución judicial? ¿Por qué los medios simpatizantes al Gobierno se han encargado de destruir reputaciones, sin importar hijos, padres, sobrinos, amigos, violando terriblemente convenciones internacionales de derechos humanos donde Panamá es signatario? Han convertido al Defensor del Pueblo, el encargo de velar por los Derechos Humanos de los panameños en un peón sordo, ciego y mudo. ¿Realmente vivimos en un Estado de Derecho? Desesperanza para los pollitos que incursionamos como profesionales del Derecho. Para mi, hasta que estas preguntas no sean resueltas, la Silla Presidencial está vacía.
Asusta ver cómo los funcionarios allegados al Excelentísimo están alineados para dar respuestas tan alejadas a la realidad: “El índice de desempleo baja, los restaurantes están de bote en bote, nunca he caído en ningún hueco, la inseguridad ha disminuido…” entre otras ñamezadas. ¿Por qué los índices del Gobierno no coinciden con los internacionales? o peor aún, ¿por qué sus números y porcentajes no concuerdan con la realidad que viven los panameños a diario? De seguro, aquel panameño que le asesinaron a sangre fría a su familiar sin tener conocimiento del responsable y sin respuesta de la Policía Nacional, el que le robaron su comercio y no encontraron a los asaltantes, el que ha tenido que cerrar su tienda por el hecho de que no hay flujo monetario, el que pone un letrero de “se alquila” o “se vende” y nunca lo llaman, el que lo despidieron so pretexto de la famosa “reducción de personal” o el que tuvo pérdidas materiales por caer en uno de los cráteres ubicados en todas partes de la ciudad, no reconocen sus estadísticas. No hay respuesta, sigue estando la silla vacía.
Resulta cada día más difícil para los jóvenes conseguir vivienda en la ciudad, trabajo relacionado con la profesión que nos graduamos y competir con los extranjeros que ofrecen nuestro mismo trabajo por un precio menor. No existen políticas de Estado que beneficien realmente a los jóvenes que buscamos ser profesionales, por el contrario, solo para aquellos que la sociedad ha bautizado como NiNis. No existe iniciativa legislativa de ningún órgano del Estado en favorecer de manera sustancial a los jóvenes. Para la Asamblea es más importante celebrar el día de la cutarra y declarar el día nacional del sancocho. Jóvenes, a vivir de sancocho.
Finalmente, la decepción más reciente que nos hemos llevado de parte de la actual administración ha sido la posición adoptada por nuestro Gobierno en cuanto a la situación de nuestra hermana Venezuela. Es de conocimiento nacional que Panamá es un país de tránsito, hace más de quinientos (500) años, y que es imposible cerrar nuestras fronteras o adoptar una posición nacionalista, sin embargo, esto no es pretexto razonable para callar ante semejantes violaciones a los Derechos Humanos en este país: decenas de muertos, cientos de heridos y un pueblo sumergido en una profunda desesperanza. ¿Cómo es posible que la mejor respuesta que podemos darle a este pueblo hermano es: “dialogaremos con el Presidente”, cuando el mismo Presidente se ha mostrado cerrado al diálogo. Es desilusionante ver cómo Panamá ha permanecido ante un silencio cómplice a esta población que pide a gritos ayuda y que nos extendieron su mano en tiempos en el que teníamos un régimen dictatorial. El que calla, otorga y lastimosamente Panamá está auspiciando la situación venezolana. Nadie dice nada, todos mudos, silla vacía.
Solo le pido le pido a aquel Presidente que ha dejado la silla vacía que no vuelva y le informo que se puede llevar todo menos nuestra esperanza.
Estudiante de Derecho