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La sociedad civil


Miembros distinguidos de indudable respetabilidad pertenecientes a distintos organismos han manifestado, cada uno por separado, que tienen como objetivo de sus actividades “la defensa de los derechos humanos, la institucionalidad del país y el fortalecimiento de la incipiente democracia”.

Nadie puede, por supuesto, estar en desacuerdo con esos enunciados sino más bien aplaudirlos y darles todo el respaldo. Sin embargo, esos grupos que se han auto calificado o los han calificado como “la sociedad civil” han causado gran sorpresa en muchos círculos al verlos unidos a grupos cuya política es todo lo contrario a lo que ellos persiguen. Se ha formado una especie maridaje que pareciera basarse en el dicho “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

En distintos actos públicos –marchas, protestas, piqueteos- se han visto juntos a estos grupos muy disímiles en su concepción. Mientras unos buscan por medios cívicos el logro de sus objetivos otros rechazan todo lo que sea la libre empresa, el sistema democrático que nos rige y utilizan permanentemente la dialéctica de la violencia y la confrontación. Se han unido, piensan muchos, “el agua y el aceite” con el exclusivo propósito de combatir al gobierno.

No hay duda de que el gobierno ha cometido errores, lo cuales hay que señalar con claridad buscando que se corrijan. No obstante, esos grupos civiles y políticos, hoy unidos, no han aplaudido jamás un acto positivo que haya llevado a cabo el actual gobierno.

Si son sinceras las inquietudes de los que forman la “sociedad civil”, las cuales no tengo por qué dudarlo, su unión con los grupos más radicales del país -que no pueden esconder sus verdaderos objetivos- será de muy poca duración. Sin embargo, en el interín, –los miembros de la llamada “sociedad civil”- harán el papel de “tontos útiles”.