La sociedad no confía en nada ni en nadie
Siento que nuestra sociedad está envuelta en una niebla tóxica que no permite una respiración natural y menos cuando todas las mañanas, los sacerdotes de la verdad mediática sentencian al pueblo a vivir en amargura por denuncias que alteran a los implicados y también la tranquilidad de quienes no tienen relación directa con ellas; lo que más toxicidad agrega es que a un año de gobierno, ninguna de las denuncias presentadas ha ido a juicio a vencer a los llamados corruptos. Daños colaterales se sufren cuando los medios convierten a periodistas como buitres en espera de los despojos que dejen los fiscales, tras las indagatorias, las que no son humanas en ningún sentido, y en la forma en que lo están haciendo violan todas las normas para la protección de las personas y la más violada, tristemente es la de la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, inhumanos o degradante, especialmente la crueldad psicológica.
Entristece ver que nuestra sociedad ha perdido uno de los pilares de la democracia: La Confianza, cemento que une a la humanidad, y hoy ha hecho aparecer su antítesis, la desconfianza, madre de todos los conflictos habidos y por haber.
Se vocifera sobre la honradez y la corrupción, sobre la necesidad de profundizar en valores ciudadanos, se han desarrollado doctorados sobre derechos humanos, hay tutiplén de sabios doctores, con diplomas y sin ellos, con caras de mártires, miradas al cielo y voces de obispos, que aparecen en los medios, al ritmo del desayuno, almuerzo y cena, pontificando que nuestro país vive un momento histórico de cambios, de depuración, de exorcismos, de expurgar todos los vicios de una vez, mediante la oración y el Ministerio Público... empero, no se les tiene confianza.
Miremos la unidad básica de la sociedad, la persona, con frecuencia no confía en sus propias capacidades o, por el contrario, las sobrestima y se estrella consigo mismo, de la misma manera se nota en su mirada huidiza que no mira fijamente a un interlocutor porque no sabe quién es, qué quiere al abordarlo o qué daño pueda hacerle.
Si fuéramos atrevidos y entráramos al seno de una familia, cuando el hombre llega con aliento alcohólico y una mancha de colorete, lo primero que piensa la pareja es que anduvo con una mujer, quién sabe en qué jardín de esos que les buscan problemas a los casados; no se le ocurre pensar que nuestra sociedad ha adoptado desde hace tiempo el saludo del beso en la mejillas, aunque algunos juegavivos se van hasta las comisuras de los labios. Si es la esposa la que llega un poco tarde un viernes, alegre y los ojos brillantes, es el marido el que piensa que ella andaba con ese compañero de oficina que no tiene barriga y le sobran músculos, pero de caminar raro.
En el trabajo hombres y mujeres andan alterados porque todos se están serruchando el piso. En las organizaciones se asegura que quien dirige no lo hace en debida forma y hay que sacarlo, ¿quién quiere reemplazarlo?, el más crítico, que piensa que es el mejor para el puesto, aunque nadie lo haya postulado nunca. Dentro de los partidos políticos el asunto es aún más grave al punto de hacerse daño hasta el de la traición.
Fíjense nada más cómo los medios dan amplia publicidad sobre los ciudadanos que violan las leyes del tránsito, evaden impuestos de toda naturaleza, incumplen las leyes de la democracia, incumplen sus compromisos comerciales y realizan cualquier otra actividad negativa que vaya contra las leyes.
Lo que más mortifica es que sea el gobierno, mediante las instituciones de justicia del Estado, el que haya desatado un ambiente de terror de tal magnitud que los actuales funcionarios son incapaces de tomar decisiones por el temor de cometer errores que les puedan endilgar comportamientos corruptos, lo que ha hecho que el país se haya estacionado a la orilla del camino de la economía y de la historia, y precisamente de la historia de la revolución francesa, de Robespierre, su principal líder y del periodo del terror que él inauguró decapitando a sus antiguos amigos, y quien posteriormente tomó de su propia medicina. Se debiera tomar lecciones porque el pueblo siempre, de acuerdo con la historia escrita, vuelve a sus antiguos cauces.
Mis críticas no son para fastidiar a nadie, sino para despertar conciencias y disipar las neblinas que roban aire puro a nuestros pulmones llenos de esperanzas.
¿Se puede vivir desconfiando de los demás y de todo?