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La solidaridad

Por: Redacción 03/04/2015

Entre todos hemos construido tantas dictaduras que precisamos, con urgencia, construir puentes de entendimiento, puesto que está en peligro la convivencia entre culturas diversas. El ser humano se ha empobrecido interiormente, cuestión que afecta sobre todo a los países considerados más ricos, y camina a la deriva de unos intereses mundanos que desesperan a cualquiera. Tenemos que salir de esa miseria y ver la manera de intensificar el diálogo como genuino hermanamiento. Efectivamente, hemos de retornar al amor, y, consecuentemente, por amor todo se perdona, y además todo se salva.

Si para los creyentes, la cruz de Jesús es la palabra con la que el Creador ha respondido al mal del mundo, también para los que no tengan creencia alguna, la verdadera generosidad interior es un deber que obliga a querernos y a encontrar una respuesta de unidad que, al fin y al cabo, es razón de subsistencia. Necesitamos sostenernos unos a otros, resplandecer como especie, respetarnos y reconciliarnos, sabiendo que un gesto puede herir más profundamente que una espada, o puede curar mejor que cualquier medicina.

Evidentemente, a la placidez se llega por la senda de la humildad y de la entrega de sí. Dejémonos que la fuerza del amor transforme nuestras vidas, y así encontraremos el camino de la concordia. ¡Cuánta sangre derramada se produce a diario por el mundo! Para que cesen los conflictos sangrientos solo hace falta comprometerse, cada uno consigo mismo, para que madure un renovado espíritu de apaciguamiento. Para Gandhi, no hay camino para la paz, la paz es el camino, y , ciertamente, ese clima armónico comienza con algo tan fácil como verter una sonrisa, dar un abrazo, o simplemente con trenzar un lenguaje que consuele.

Una sociedad bien ordenada y fecunda humanamente requiere de gobiernos que cultiven los valores humanos a través de las instituciones, dignificando a todo ciudadano provenga de donde provenga. Naciones Unidas apuesta por este año 2015, advirtiendo que es una oportunidad histórica y sin precedentes para unir a los países con las personas del planeta, para decidir y emprender nuevas vías hacia el futuro, y así mejorar la vida de las personas en todo el orbe. Estas decisiones determinarán el curso de las medidas destinadas a erradicar la pobreza, promover la prosperidad y el bienestar para todos, proteger el medio ambiente y hacer frente al cambio climático a nivel mundial.

Quizás el deber más olvidado que tengamos en nuestras agendas del alma sea, precisamente, el deber de asistencia, de servicio permanente hacia todo ser humano. A veces esperamos mucho de los demás, pero nosotros apenas hacemos nada por ellos. En este sentido, afirmaba Concepción Arenal, que no es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa. Sabemos que es deber aquello que exigimos a los demás, sin embargo, olvidamos en ocasiones nuestro grado de exigencia.

En cualquier caso, jamás eludamos nuestro compromiso de respetar tanto los derechos de los demás, como el deber de mantener los propios.

 

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Viernes 31 de julio de 2026

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