La solución es educar al consumidor
En los últimos días hemos escuchado todo tipo de propuestas para enfrentar la crisis inflacionaria. Recordemos que, según las encuestas, el alto costo de la vida supera actualmente a la inseguridad, corrupción y desempleo como temas que más afectan al país.
El Gobierno, como buen reaccionario de estas encuestas, ha montado jumbo ferias, aumentado subsidios, ejecutado proyectos de irrigación y construido caminos de producción. Pero en este asunto, el Gobierno no las tiene todas consigo. Panamá no cuenta con yacimientos petrolíferos y depende de las decisiones de la OPEC. Tampoco es productor de trigo ni maíz, y está sujeta a los precios y la demanda internacional, la cual se ha disparado por el efecto BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y además las condiciones climáticas han devastado amplias zonas de su producción y mermado la oferta nacional de alimentos. Es decir, como país tenemos cero influencia sobre estos factores externos o cualquier vaivén que desestabilice la economía del mundo.
En el pasado, la Cámara de Comercio de Panamá ha asesorado al Gobierno a eliminar los cuellos de botella en la producción e importación de alimentos para evitar el desabastecimiento y la especulación por escasez. Igualmente, lo ha ayudado a crear proyectos como la cadena fría, y estamos seguros que seguirá abierta y receptiva a participar en la búsqueda de soluciones a los problemas que más aquejan al país.
Pero las actuales circunstancias no sólo requieren de ideas sino de acciones. La inflación está rayando el 6%, y los economistas han señalado que si la economía sigue creciendo al ritmo presente y el Gobierno sigue gastando con llave en mano, la inflación quebrará la barrera del 7% antes de fin año. Por tanto, el Gobierno debe hacer su parte y frenar el gasto público, evitar nuevos impuestos y reconsiderar el aumento del salario mínimo.
Durante el reciente Foro sobre Canasta Básica e Inflación realizado en la Cámara de Comercio de Panamá, donde participaron autoridades y decenas de empresarios y productores, quedó evidencia que la solución al problema de la inflación no es fácil y sólo podrá concretarse en la medida en que todos unamos esfuerzos y depongamos intereses particulares en beneficio del país. Pero mientras no se sumen los consumidores, que hasta ahora han estado totalmente ausentes del debate, no podremos llegar a una verdadera solución.
Los consumidores panameños sólo consumen, gastan, desperdician y ¡exigen! Yo les pregunto, ¿cuánto están dispuestos a ahorrar en estos tiempos de crisis? Para muchos es muy fácil exigir al Estado que subsidie y regale, pero no toman conciencia de quién pagará la ineficiencia y la errónea asignación de estos subsidios. No es un misterio que en Panamá, en estos tiempos de inflación y crisis, haya aumentado el consumo de combustibles, celulares, bebidas alcohólicas, juegos de azar y otros entretenimientos. No importa cuánto suban los precios, los despilfarradores consumidores no pararán de gastar porque saben que el Estado les patrocina sus caprichos.
Para nosotros eso no tiene sentido y es un juego de nunca acabar. El consumidor panameño siempre quiere las cosas fáciles, que les salgan gratis o que el papá Estado las haga por él. Nuestra propuesta es que desde ahora el Estado promueva, estimule y premie el ahorro, no el consumo. Y para tal efecto recomendamos que en las escuelas y colegios se imparta intensivamente la asignatura Educación para el Consumidor, con énfasis en la preparación de presupuestos familiares y personales, compras comunes, economías domésticas y sostenibilidad ambiental. “No le dé pescado al pueblo; enséñeles a pescar”, dice el proverbio antiguo.
En consecuencia, educar al consumidor debiera ser la estrategia sobre la cual descansen y enfoquen las acciones del Gobierno en materia de combate contra la inflación. Mientras sigamos subsidiando indiscriminadamente a la población, será pan para hoy y hambre para mañana. Ha llegado el momento de cambiar y hacer que la gente entienda que el progreso tiene su costo. Es hora de educar al consumidor, no de mantenerlo.
