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La sombra de la opinión pública

Por: Redacción 15/08/2016

Corría el año de 1861. Abraham Lincoln se dirigía por tren hacia Washington D.C. para su juramentación como presidente electo de los Estados Unidos. Como se sospechaba de un posible atentado en contra de su vida, el jefe de seguridad de la compañía ferroviaria recomendó a Lincoln viajar de noche, asumiendo un nombre falso y un disfraz, como medida adicional de protección. Muy pronto después de los hechos, los medios de comunicación se enteraron, y la burla y los epítetos, que lo señalaron de cobarde, no se hicieron esperar.

El escarnio público fue tal que llevó a ese extraordinario ser humano a tomar la decisión errada de prestar, en lo personal, demasiada atención a la opinión pública. De allí en adelante, por lo menos en temas de su seguridad personal, Lincoln procuró vivir proyectando una imagen de valentía, rehusando a adoptar protocolos normales y exhibiéndose a menudo en público sin guardaespaldas. Irónicamente, esa decisión de prestar demasiada atención personal a la sombra del escarnio público lo llevó también a su trágico final.

Los mandatarios deben, sin duda, tomar en consideración la opinión de aquellos que depositan en ellos la confianza de gobernarlos como pueblo; sin embargo, no deben personalizar una sola de las críticas escarnecedoras. Una barrera de objetividad, que solo pueda cruzar la razón, debería siempre y en todo momento amurallar la personalidad del mandatario para que no se vea avasallado por las duras opiniones que sin duda encontrará a lo largo de todo su ejercicio. Sobre todo, ninguna decisión debe ser tomada al calor de una molestia personal; en tanto que las decisiones tomadas en completa objetividad, paz y para el bien de todos y de ninguno en particular, deben dirigir cada uno de sus actos.

Difícil tarea despojarse de ese componente humano de sentimientos y pasiones para calzar las botas de la objetividad absoluta y la razón. Pero es precisamente por ese motivo que quien lleva las riendas del Gobierno debe necesariamente adoptar tales posturas; porque volverá a la vía de los mortales. Porque volverá a ser padre, esposo, hermano; volverá a resfriarse, como todo ser humano que debe necesariamente estar expuesto a aquello que llamamos vida.

La opinión pública desfavorable quedará atrás con el quinquenio, siempre que sea precisamente la razón, y el bienestar de todos, la motivación que prima sobre todas las demás; o se convertirá, por el contrario, en una sombra permanente que les roba el sueño y termina por aislar completamente a aquel que pretendió servir. Recordemos que, según dice la leyenda, no en vano el rey Salomón portaba un anillo con el siguiente grabado: "esto también pasará".

Abogado

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