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La teoría solera en los partidos

Por: Redacción 05/01/2014

Arnulfo Arias O. /Defensor de los Miembros Partido Panameñista (opinion@epasa.com) / Defensor de los Miembros Partido Panameñista

En el año de 1858, el senador de Carolina del Sur, James Henry Hammond, se dispuso a sustentar la denominada “teoría solera”, que declaraba del todo incompatible la mano de obra y la educación. El obrero debía ser en lo posible como el buey aquel subyugado en el trapiche; artificialmente enceguecido hacia todo lo que no fuera trabajo.

La teoría impulsaba la idea de que cultivar la mano de obra en conjunto con la educación era un concepto simplemente incendiario. De allí que era mejor cercenar la mano de obra de la cabeza pensante, mantenerla mecánicamente dentro de un guante oscurecido y húmedo para evitar así incendiar el intelecto.

Similar, en alguna medida, resulta la postura actual y obsoleta que, en algunos partidos, ha asumido la “alta” dirigencia. No desean que las bases abandonen ese estado de necesidad política, que piensen, que se superen, que abarquen la esperanza de lograr la plenitud individual a la que puede aspirar cualquier individuo que viva en democracia.

“Disciplina” se traduce, según ellos, en ese encadenamiento electorero a propuestas que no necesariamente compaginan con la conciencia política de ese individuo; “falta de disciplina”, llaman al ejercicio de lo que constituye una de las más sagradas libertades del hombre: la libertad de pensamiento.

Olvidan, por haber caído en una especie de caminadora, en una correa sin fin de sus propios intereses personales, que constituye un derecho inalienable del hombre elegir por qué propuesta electoral votar; el voto es libre, igual, universal, secreto y directo; que ninguna disciplina electorera puede oprimir la propia conciencia del hombre que se incline por aquello que individual y colectivamente cree correcto.

Algunos quieren una membresía que no piense en el país, sino en la medida misma de sus propias ansias fabricadas. Para qué dotar a esa membresía de una verdadera capacitación; para qué ilustrarla sobre las necesidades más elementales de nuestra población, a manera de lograr en ella un alto grado de identificación con esas necesidades.

Pero los tiempos han cambiado. El reservorio de la educación se ha masificado. Aquellos que no tenían acceso a información, hoy la tienen y en abundancia. Por eso, al haberse roto el dique que contenía el conocimiento que se desborda hoy en esta era de luz, de nada sirve la forma tradicional y opresiva de limitar, encadenar y reprimir el propio pensamiento del hombre, que buscará ya libremente la forma de expresarse, contra todo esfuerzo que busque lo contrario.

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Lunes 10 de agosto de 2026